Las epifanías en la minificción de Rogelio Guedea por Sandra Merrill

Fecha: 17 de Enero de 2008
Autor: Sandra Merrill

Al tratar de definir el cuento, se ha recurrido a hacer comparaciones de este género enfatizando su aspecto de breve. Se ha comparado, por ejemplo, con el atardecer por “su belleza efímera y vacilante” (citado por Daniel Herrera Cepero 3) y Cortázar lo ha comparado con la fotografía porque ésta ” presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación.” (Cortázar 2-3) Para poder lograr esta brevedad, el escritor hace uso de una gran variedad de técnicas, algunas de las cuales han sido estudiadas por Dolores Koch en “Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato.” Una de ellas es la “eficacia de su síntesis”(8) la cual, a nuestra manera de ver, se obtiene en gran medida a través de una epifanía. Hacemos referencia aquí a este recurso literario que James Joyce definió como: “a sudden spiritual manifestation, whether in the vulgarity of speech or of gesture or in a memorable phase of the mind itself.” (211)
En este ensayo, pretendemos analizar la epifanía en la minificción del escritor mexicano Rogelio Guedea cuyos relatos se encuentran reunidos en Al vuelo (2003), Del aire al aire (2004) Caída libre (2005) y Para/caídas (2007). Trabajaremos con la narrativa breve de Caída libre ya que en éste, al decir del escritor, “se resumen todas mis tentativas estéticas, estilísticas y temáticas. El libro a la vez que es germen es también el desarrollo de mis potencialidades expresivas . . . ” Caída libre está dividido en tres partes con un foco según el tema de los cuentos: “Ensayos y oficios”, “Autobiografía” y “Fábulas.” Dolores Koch ha dividido la narrativa breve en micro-relatos, aquellos donde el desenlace “depende de algo que se le ocurre al autor” (“Diez recursos” 1) y minicuentos, donde “depende de algo que ocurre” (1). Teniendo en cuenta esta division hemos identificado en este libro unos micro-relatos para analizar en ellos los diferentes tipos de epifanías, explorar qué las causa y cómo éstas contribuyen a la brevedad del relato.

La primera sección del libro es “Ensayos y oficios”. Esta parte está constituida por 25 micro-ficciones de las cuales diez son micro-relatos. En los cinco primeros encontramos epifanías; las tres primeras introducidas por “darse cuenta”, verbo que se relaciona con esa súbita manifestación espiritual, de que nos habla Joyce. En “Encuentros, desencuentros” el narrador está en un aeropuerto leyendo un libro de Walter Benjamín que lo despierta a su realización de la vida como un fluir de experiencias. En “El oficio”, el escritor se da cuenta que la creación poética ha tomado posesión de sus ideas y lo hace decir lo que no tenía planeado ya que en lugar de alabar los beneficios del adulterio, escribe “una apoteosis sobre la fidelidad y las buenas maneras conyugales” (17) Cuando hacia el final su esposa lo besa, él acepta esa intromisión de una verdad que nunca habia considerado. Con el beso de fidelidad, el escritor recobra “la libertad que necesitaba para reivindicar sus sueños y proezas.” (18) Éste es igualmente el tema de otra de las siete narrativas breves llamadas “El oficio” incluídas en esta seccion. En este caso se nos presenta un escritor de cuentos fantásticos que de un momento a otro se da cuenta que su género es el realismo. Sin embargo, mediante una irrupción de lo fantástico la creación poética lo absorve y su mujer e hija “impávidas lo miraron atravesar el muro de piedra aquella noche de horrible tormenta.” (35) Son necesarios estos momentos espirituales para develar lo oculto en el subconsciente de los personajes “Rebeldías” tiene relación con el relato anterior, pero ahora con un sentido más universal, presenta la idea de que la vida “te coloca en el lugar que te corresponde y no en el que tú, por despistado, creías que te correspondía.” (19) Es así como se compara la inspiración poética con la vida: son inexplicables las dos, pero al mismo tiempo tienen sentido para el narrador. Por otra parte, en “Homenaje a Agustín Yañez” tenemos que el narrador experimenta una revelación que nace de la memoria. Según Morris Beja, este tipo de epifanía se puede presentar de dos formas: ” ‘retrospective’ epiphany, and that of ‘the past recaptured’.” (15) La epifanía de la recaptura del pasado es cuando “. . .the past event need not take on the character of a relatory experience, since it is in fact the past that is revealed.” (60) Beja nos aclara que las cosas del pasado son “relived and recreated with all their physical and mental associations.” (61) Durante la infancia, nuestro narrador ha tenido la experiencia de escuchar a su abuelo leyéndole Flor de juegos antiguos de Agustín Yañez y la sensación de la presencia del abuelo en la casa lo regresa al instante en que aquel le leía uno de los episodios de ese libro, momento en el que había visto su propio futuro. Este viaje al pasado es su manifestación espiritual de la fluidez del tiempo: la lectura de Yañez en el pasado había llevado al narrador a su futuro y ahora la llave en el ojo de la cerradura, el presente, lo lleva al pasado.
Hay otros micro-relatos donde es necesaria la participación del lector para descubrir la epifanía del personaje. En “Homenaje al póstumo” leemos: “El triunfo de este escritor -dijo el maestro de ceremonias- fue, precisamente, haber muerto pocos días antes de su fracaso” (25) Aquí vemos el uso de la “anécdota comprimida”, característica que atribuye Violeta Rojo a las mininarraciones: “En los minicuentos sin fábula aparente la narración pareciera incompleta o sin argumento. Realmente lo que sucede con éstos es que la fábula está implícita, no está en el nivel superficial. La anécdota se sugiere pero necesita de un lector activo que la haga surgir.” (Rojo, 567) Así es que como lectores tenemos que proveer el cuento de su anécdota, que es donde sucede la epifanía: es la historia o fábula de un escritor de baja calidad que ha luchado toda su vida por ver su obra publicada y cuando por fin lo consigue, muere. Para el narrador su muerte ha sido una feliz ocurrencia ya que el escritor no tuvo que presenciar el fracaso de su obra. Esta epifanía es una “memorable phase of the mind -the manifestation being out of proportion to the significance or strictly logical relevance of whatever produces it.” (Beja 18). El narrador se da cuenta que aunque la muerte es el peor final que pudo haber tenido la historia de este escritor, fue su su éxito ya que no tuvo que soportar las críticas de lo que el pensaba era su gran obra. Este micro-relato nos recuerda el muy famoso de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, puesto que como ha notado Epple, la narración está muy reducida, pero “. . . hay un decurso temporal (fijado por los verbos) y una referencia espacial (‘allí’, el lugar donde ocurre la experiencia).” (Epple 20) Vemos en “Homenaje al póstumo” los verbos “dijo” y “haber muerto”, así como el espacio de una “ceremonia”, elementos que nos brindan parte del mundo narrado que tenemos que completar los lectores. Otro tipo de epifanía es la que encontramos en “Homenaje a Alejandro Rossi”, donde la lectura es la causa de una manifestación espiritual, característica de la epifanía. Nos dice el narrador que de este escritor “a veces una frase o párrafo leído en una noche como ésta puede traernos una alegría insospechada, o prodigarnos un sentimiento cómplice, llevarnos tal vez a recordar el día que pasamos sentados frente al océano Pacífico, o la mañana en que decidimos no levantarnos más con el pie izquierdo, o aquel viaje en tren por las llanuras andaluzas.” (Caída libre 33-34). Otra de las “iluminaciones súbitas” (Beja 13) en esta sección del libro se da por un evento tan trivial como es la observación de un anciano en una esquina en “Sabiduría popular” (45) Al igual que otros textos donde se habla del oficio de escritor, en éste la epifanía hace que el narrador cuestione algunas de las actividades y actitudes de los escritores en cuanto a su deseo de fama. Finalmente, encontramos unas iluminaciones espirituales dentro de unos relatos donde se entreveen el hombre y sus relaciones de poder, por un lado, y de consanguinidad, por otro. En “El paso de los que marcaban el paso” (55) observamos unos políticos que no viven en el presente por cuanto lo único que les da validez a su existencia es el pasado. El narrador observando el orgullo con que se pasean entre la gente, llega a la conclusión de que son hombres que a pesar de su poder “no serán otra cosa, que esa pobre función que desempeñaron.” (55) En “Tierras movedizas II”, después de una fiesta con sus familiares, la reflexión es sobre la incongruencia de las relaciones sanguíneas con estas personas que en realidad no conoce. Por lo tanto, las epifanías en esta sección nos muestran esos fragmentos de mundo de que nos habla Calvino en el epígrafe utilizado al inicio: “¿No es también él un fragmento de mundo que está mirando otro fragmento de mundo?”
La segunda sección del libro se titula “Autobiografía” y consta de 24 relatos, de los cuales 18 cuentan una anécdota. Encontramos epifanías en relatos con fábula y sin ella y no todos los que tienen una narración, contienen una epifanía. Todos los relatos transparentan aspectos de la vida del narrador. Sabemos de su “yo” existencial (“Dios y yo, El tiempo que vuelve), su infancia (“Los tiempos del instante”, “Fotografías), de sus relaciones con su mujer (“Girasol”, “Homenaje a Alfonso Michel”, “Una habitación cerrada”), su papel de padre (“Rumbo al sur”, “Paseo de ida y vuelta”), sus relaciones con algunos de sus otros familiares (“Agujero llamado NEVERMORE”, “Jugar en serio”), y sus propias observaciones sobre lo que lo rodea (“El barredor”, “El hombre que se olvidó las maneras de vivir”, “Trabajos del hombre”). La primera epifanía en esta sección ocurre cuando el narrador observa a un barredor callejero. Aunque son muchas las personas que pasan por su lado en “El barredor”, únicamente nuestro narrador experimenta una manifestación espiritual súbita mediante la cual se da cuenta de su propia existencia y la del otro ser humano; sólo ellos son en ese momento porque hay “un lazo de sentimientos entrañables” que el narrador ha tendido porque “sólo cuando uno piensa en el otro, el otro existe verdaderamente.” (72) Encontramos un caso similar en “Agujero llamado NEVERMORE” (77), donde la epifanía da sentido a las cosas que observa en un ancianato donde ha ido a visitar una tía abuela. Este tipo de epifanía nos recuerda a Stephen Hero cuando el protagonista piensa en epifanizar el reloj que ve mientras camina las calles con su amigo Cranly y le explica que cuando “the relation of the parts is exquisite, when the parts are adjusted to the special point, we recognise that it is that thing which it is. Its soul, its whatness, leaps to us from the vestment of its appearance. The soul of the commonest object, the structure of which is so adjusted, seems to us radiant. The object achieves its epiphany.” (Joyce 213) En nuestro relato, a través de la epifanía de los objetos se le da existencia a los seres poseedores de ellos: su percepción de ellos, de los objetos, recrea a sus dueños, existen por él.
Al igual que en la sección anterior, encontramos en “Autobiografía” epifanías causadas por las memorias. Se recaptura el pasado en “Paseo de ida y vuelta” (75), donde el narrador al ver a su hijo disfrutando un paseo en bicicleta se ve a sí mismo durante su infancia, con el mismo sentimiento que su hijo experimenta en el presente; es como “vivir dos veces” (75). En “Homenaje a Alfonso Michel” (91) y en “Jugar en serio” (103), vemos lo que Beja ha denominado “retrospective epiphany”, y son aquellas donde se tiene un recuerdo de algo que en el momento que pasó no tuvo gran importancia, pero al recordarlo en el presente produce “a sudden sensation of new awareness.” (15) En el primer micro-relato, el narrador observa en una galería un cuadro donde se representa la imagen de una mujer en un bar la cual le trae a recuerdo una experiencia suya en París. Esta imagen produce la epifanía mediante la cual acepta la experiencia negativa con esa mujer y lo que significó en su vida. En “Jugar en serio”, una lectura, actividad que causa varias de las epifanías en la obra de Guedea, lo induce a recordar su pasado y en su interior experimenta la sensación de que el tiempo no ha pasado y él es el mismo que un día, siendo niño, le había dicho a su abuela que nunca la olvidaría. Por otro lado, en “Girasol” se da la epifanía por una experiencia del presente: una fuerte lluvia ha destruído unos girasoles plantados por su mujer. Su epifanía en este caso es metafísica; esta experiencia lo lleva a pensar en las arbitrariedades del destino porque así como en este caso fueron las plantas las víctimas de sus caprichos, habría podido haber sido su hijo. Vemos una epifanía similar en “Tantear la noche” (89) donde siente que “La vida [es] como una hoja que cae, como algo que vuela.” (89) También es metafísica, la epifanía en “Dios y yo” (81) donde cuestiona la existencia de Dios como ser omnipotente a través de una experiencia religiosa en un momento en que el narrador está “bajo las aguas del mar” y su propia respiración lo hace pensar en Dios. En “El hombre que se olvidó las maneras de vivir” (93) la experiencia presente lo hace recapacitar y se da cuenta de que no puede continuar siendo un abogado ya que lo suyo era “salir en las mañanas a caminar sin rumbo.”; aunque la epifanía aquí no es sobre su existencia, lo es sobre lo que él es dentro de esa existencia. En “El tiempo que vuelve” (83), sin embargo, sí vemos la duda sobre su propia existencia: se pregunta si él existe o simplemente representa esa persona que es él. Igualmente, se nos presenta la concepción del tiempo como algo fluído, donde el hombre que fue, o representó en el pasado puede ser el mismo del presente. De la misma manera se ve esta concepción del tiempo en “Fotografías” (99) , donde escuchamos al narrador mientras observa unas fotografías de su niñez: “Soy yo ese niño que camina por la calle empedrada. Yo el que sube al árbol de tamarindo en una tarde parecida a ésta. Yo mismo el que está sentado en una de las ramas mirando a los vecinos que caminan con pasos apurados por la banqueta, del otro lado del río que divide ahora mismo mi vida de sus vidas.” Y esta sensación de igualar pasado y presente, se ve en “Una habitación cerrada” (109) donde para su satisfacción observa el cuerpo desnudo de su mujer y experimenta que es el cuerpo de siempre: “El cuerpo de mi mujer no tiene historia. ”

La tercera y última parte de Caída libre está compuesta de 22 “Fábulas”, título de la sección. El epígrafe de Walter Benjamin nos da una idea de lo que leeremos a continuación: “. . . ya sólo queda, en la espera permanente del asalto final, dirigir la mirada hacia lo único que aún puede aportar salvación: lo extraordinario.” Todos los relatos se refieren a eventos extraordinarios que presentan al hombre fuera de la cotidianidad de su existencia, incluyendo algunos que se refieren a la actividad creadora. En “Ciudades cálidas” (131) la epifanía rompe la separación entre sueño y realidad: el narrador sueña un gato que al despertar se materializa en su balcón y que posteriormente brincará a las páginas del libro que leía antes de quedarse dormido. En “Destinatario fatal” (139) y en “El lector disidente” (141) volvemos al tema del oficio de escribir, en este caso se trata de la creación de los personajes; en el primero, el narrador se convierte en personaje de un libro, mientras que en el segundo, la epifanía de uno de los personajes, es sobre cómo cada lector recrea los personajes de una obra. Caso similar se da en “Pasajeros” (135) donde al narrador lo mueve la experiencia con un pasajero del autobús hacia el plano de la creación al convertirlo en “personaje de cualquier libro.”
En esta sección tenemos un tipo de epifanía que Beja describe como “the perception of the single image [that] is instantaneous, intuitive, timeless (as well as free from space), revelatory (‘sense of sudden growth’), and produced by art.” (65) En nuestros relatos, esa percepción se da mediante la comprención de las relaciones del narrador con los suyos: en “La cita” (125), el narrador ve como su mujer está con otro hombre que al final se da cuenta es él mismo. Un beso que le da en la mejilla al despedirse de ella y que lo lleva a seguirla, es el causante de ese “sudden growth” y de la realización de que existe un plano más allá de la realidad donde existe otro “él”, tal vez, siendo personaje de una obra que alguien lee. Cortázar nos explica la idea de los dobles diciendo que “Pareciera que el hombre no se acepta como unidad sino que, de alguna manera, tiene el sentimiento de que simultáneamente podría estar proyectado en otra entidad que él conoce o no conoce pero existe.” (“Conversaciones” 10) En “El hombre que recorría los pasillos de la casa” (133) la existencia de sus hijos y la presencia de su esposa lo hacen sentir que “quizá sea esto lo más heroico que ha hecho en la vida . . . ” (134) Por otro lado, en “El ritual del desposado” (143) y “Errar” (145) las epifanías captan el sentido de alienación del personaje: a pesar de estar con su familia, en el primer relato, y en su casa, en el segundo, donde “se da cuenta de que no puede reconocerse en ella.” (145) Sin embargo, en “Cortometraje” (163), en nuestra opinión el mejor logrado de los micro-relatos de esta sección, la epifanía del hombre es sobre la facilidad de contrarrestar la soledad, al rodearse de desconocidos. Una continuación de las ideas sobre la existencia del ser humano se presenta en “La música del azar”, “La orilla de las cosas”, “El hombre que viajaba en taxi”, “La feria”, “Puerto Vallarta” y “El hombre que caminaba las calles de París.” En estos relatos un “memorable phase of the mind” (Joyce 211) hace pensar al narrador en el azar de las experiencias de la vida; y es así, como un hombre cualquiera puede “llamarse Céline o Apollinaire o Cervantes, pero que por un error del calendario, por una errata del amanuense, por una bala perdida, no se llamó.”(149) o caminar por la playa dejando huellas que pueden ser pisadas por otro ser humano (“Puerto Vallarta”) u observando como su hijo puede ganar un premio en “La Feria”, aún sabiendo que “. . .-en esta vida que hoy transcurre- no todos los juegos tienen premio.” (157)
Al mirar el uso de las epifanías en Caída libre podemos determinar que tienen dos funciones fundamentales: primero que todo como un elemento estructural en cuanto a que son fundamentales para contar lo más importante de un relato en una forma concisa; de ahí el uso repetido del verbo “darse cuenta”, para empezar la epifanía. Además, la mayoría de ellas se presentan al final del micro-relato y por lo tanto dan ese golpe certero que se espera del cuento. La segunda función se relaciona con el afán de universalidad, característica que ha señalado Dolores Koch para los micro-relatos. (228) El autor se permite a sí mismo o les permite a los personajes un momento de revelación donde se cuestionan la existencia, la naturaleza del ser humano, sus relaciones con los otros, el tiempo y el oficio de escribir. Igualmente, podemos notar que las epifanías son producidas por objetos concretos (una llave, unos zapatos,etc.), pero aún más por lecturas y fases de la mente, la manifestación de esa
consciencia interna, de la que nos habla Beja (230) Por lo tanto, Guedea materializa en sus micro-relatos lo que expresa Joyce en Stephen Hero: “it was for the man of letters to record these epiphanies with extreme care, seeing that they themselves are the most delicate and evanescent of moments.” (211)

OBRAS CITADAS

Beja, Morris. Epiphany in the Modern Novel. University of Washington Press: Seattle, 1971.
Borges, Jorge Luis. “Acerca de mis cuentos”, Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/borges2.htm
Córtazar, Julio. “Aspectos del cuento” Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/textos/
teoria/opin/cortaz1.htm.
—. “Conversaciones con Cortázar” Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/textos/
teoria/opin/cortaz4.htm.
—. “Del cuento breve y sus alrededores” Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/textos/
teoria/opin/cortaz6.htm.
Epple, Juan Armando.(compilador) Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano. Talleres Gráficos de Mosquito Comunicaciones: Chile, 1999.
Guedea, Rogelio. Caída libre. Editorial Colibrí: México, 2005.
Herrera Cepero, Daniel. “Cuento versus novela” Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/
textos/teoria/tecni/cue-nov.htm
Joyce, James. Stephen Hero. New Directions Publishing Corporation: New York, 1963.
Koch, Dolores. El micro-relato en México: Julio Torri, Juan José Arreola y Augusto
Monterroso. University Microfilms International: Ann Arbor, MI, 1986.
—. “Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato” Ciudad Seva. http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/10recur.htm
Rojo, Violeta. “El minicuento:
Soto, Manuel. trad.y prólogo. “Diez epifanías en versión bilingue” Revista de Occidente
1991 June; 121:51-66.

Zavala, Lauro. Teorías del cuento III. Poéticas de la brevedad. Selección,
introducción y notas de Lauro Zavala. Universidad Nacional Autónoma de México:
México, 1996.

Escribe un comentario en este libro

Comentarios