Violencia, corrupción y narcotráfico en Conducir un tráiler por Víctor Gil Castañeda

Fecha: 14 de Septiembre de 2008
Autor: Víctor Gil Castañeda

Muchos escritores contemporáneos han dicho, en diversas entrevistas, que recurren a la información de los medios informativos para ambientar sus historias. Cuentan que a veces sus personajes son sacados de las notas policiacas (Las muertas /Jorge Ibargüengoitia), de la página de sociales (Busca mi esquela & Primer amor / Elena Garro), de la sección política (Guerra en el paraíso / Carlos Montemayor), o bien, de las reseñas deportivas (Pelearán diez round / Vicente Leñero). Durante muchos años tuvimos la oportunidad de leer al escritor colimense Rogelio Guedea. En ocasiones dentro del género de la poesía, otras en la narrativa breve, a veces como antologador, frecuentemente como articulista en prensa escrita: El Comentario, Ecos de la Costa y La Jornada. Ahora lo hemos leído como novelista. Su primer trabajo literario en este
terreno lleva por título: Conducir un tráiler, editada por Mondadori. Por el tratamiento, es un texto que recurre a la información de tipo criminalístico, policiaco, político y jurídico. Es una obra divertida, alegre, con un lenguaje ligado a las construcciones sintácticas de nuestra región y que nos provocan momentos de hilaridad, debido al sarcasmo o la ironía con que retrata personas, antojitos, barrios, personalidades de la política y el mundo empresarial. Algunos ejemplos de esta habla regional serían: enclenque, testerazo, pandeó el sentimiento, guateque, acovachaba, guaguareaban, terrosidad y camionetada.
Es un documento de pronto dramático y truculento. Precisamente, de los treinta temas registrados a lo largo de su narración, los más frecuentes son cinco: la violencia, el crimen, la prostitución, el alcoholismo y el narcotráfico. Estos tópicos centran la vida y la existencia de sus personajes principales. Aún los secundarios o ambientales deben pasar por la prueba fatal de los ambientes judiciales o policiacos. Son seres maniatados por la persecución, el odio, la venganza y la bajeza moral. No hay forma de apartarse en este camino, pues cuando lo intentan, terminan limitados por los actos de corrupción, el chantaje y la intimidación.
Las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos, enfrentan un mundo pervertido desde sus orígenes. Minado por las instituciones que deberían procurar la justicia. Alterado en sus nobles fines por los grupos sociales destinados a generar el bienestar comunitario. Pero lo más triste es que todas las anteriores organizaciones parecieran estar de acuerdo en este decaimiento cívico; desvinculándose de los verdaderos valores que le dan sentido a un Estado, una nación, una ciudad o un pueblo. Su autor se muestra hiperrealista en este aspecto. Lo notamos en dos frases, sobre todo cuando uno de los personajes encuentra por fin un empleo:

Lo que gana en el supermercado no está mal pero podría estar mejor. Todo en este país podría estar mejor siempre. Su mejor lema es: .Disculpe las molestias. Obra en construcción.Trabajamos para servirle mejor.. Nada está hecho.
Nada está resuelto. [p.128]
O bien, cuando Abel Corona y el Chori sufren un accidente con la camioneta del patrón. El vehículo se voltea. Los dos sangran y quedan asustados por el incidente: De lejos y desde lo alto nadie sabría que dentro de la camioneta dos muchachos se acaban de dar tremendo chingadazo. Y quizá, desde lejos y desde lo alto, ese chingadazo tremendo sigue siendo nada en comparación con los muertos de Vietnam. O con los muertos de este país, cuya maquinaria de mierda mata a más de uno diariamente. [p. 140]
Conducir un tráiler tiene todos los ingredientes para ubicarla como una novela policiaca, porque se busca a un asesino y los elementos macabros o escabrosos, permean de inicio a fin el argumento. Pero dadas sus inclinaciones a la crítica social, también reúne valiosos elementos para ubicarla como una narración de fuertes tintes políticos o denuncia. Es una novela donde la realidad estrujante del país y la región son reflejadas sin eufemismos, ni palabras rimbombantes: al pan, pan y al vino, vino. Expresiones directas que nos avisan de un autor atento a las acciones cotidianas de su entorno. Halcón perspicaz, con la mirada entrenada para atisbar en los mínimos recovecos de la conducta humana. Por eso, cuando el narrador habla de la justicia, su descripción no es muy placentera: .La secretaria del procurador me dijo que el procurador estaba en un desayuno en el restaurante El Pozo Santo. Un desayuno de negocios con el procurador general de la República, otro asesino e igual hijo de puta que él..
[p. 108].

Violencia y narcotráfico
El personaje central, Abel Corona, está muy asustado porque han matado, cruelmente, a su hermano Ismael Corona, quien trabajaba en el Ministerio Público. El crimen, según las primeras averiguaciones, se debió a una clásica .venganza pasional., ya que el finado mantenía relaciones homosexuales con un
tipo atlético, corte militar, moreno, que vivía en la colonia Infonavit-La Estancia. Lo grave es que el amante también mantenía relaciones con un diputado federal de Colima; un hombre metido en la política y los negocios empresariales. Además, el diputado era muy amigo del señor agricultor, Cecilio Alcaraz, dueño de grandes sembradíos de mariguana.
Abel Corona y su padre, en cierta ocasión, ingresaron por accidente a uno de los sembradíos. Estaban confundidos, sin saber qué hacer y tuvieron que enfrentar una situación muy tensa, pues uno de los matones que vigilaba el lugar les advirtió que no volvieran a pasar por allí. Que se hicieran como si no hubieran visto nada. Ellos continuaron su marcha y afirmaron que, verdaderamente, nunca habían estado en ese lugar. Todo esto, mientras otro narcotraficante los seguía, escondido entre los matorrales, con la mirada puesta en su rifle reservado a las fuerzas militares. Abel era un niño y recuerda: .Mi padre hablaba como si en realidad nunca hubiéramos estado aquí.. [pp. 148-150]
Y a partir de allí, todo es crimen tras crimen. La misma historia inicia con un asesinato. Dos matones michoacanos .venadean. al joven Ramiro Rincón, alias .Rinconcillo.. Su papá, don Sebastián Rincón, le compraba reses al papá de Abel Corona. Eran carniceros, pero tenían deudas muy fuertes con el narcotráfico. En el fondo, todos los servidores públicos colimenses que aparecen en la novela le deben favores a los narcos; que una casita en aquel cerro, que un dinero para el negocio automotriz, que las armas para ir de cacería, la cocaína para amenizar una fiesta, la mansión gratuita de la zona residencial, el departamento amueblado frente a la playa, el camión para transportar sus animalitos, un rancho en aquel llano, o un fajo de billetes para salvar la cosecha de la temporada. La droga circula entre jóvenes y adultos, calladamente, porque así debe ser el mecanismo de consumo. Todos callados, todos .pericos. Hasta para preparar una barbacoa o unas carnitas se meten churros en la boca. Como lo hizo El Chori, cuando el patrón le encargó que matara el marrano. Mientras Abel lo ayuda a bajarlo de la camioneta y meterlo en la carnicería, El Chori le comenta, en una escena humorística:
No sé qué olor me gusta más, pinche güero: si el de la gasolina, el de la sangre o el de la marihuana, dijo sacando de la bolsa del pantal ón roto un canuto. Pura caníbalis, pinche güero, agregó. Será canabis, güey, corrigió Abel. Pues será tu abuelita en bikini, rió pelando las encías. El Chori encendió el cigarrillo de marihuana y dio dos buenas chupadas, que le contrajeron el cuello y las mandíbulas. Luego extendió a Abel el cigarro. Dale. Abel cogió el cigarrillo entre el índice y el pulgar y dio una jalada conteniendo la respiración. El Chori contó que la primera vez que fumó marihuana por poco se muere. Sentí que se me iba a salir el corazón por el hocico, verdá buena. Metí la cholla en un balde con agua fría. Parecía mosca borracha. [pp. 124-125]
Posteriormente El Chori lo invita a un prostíbulo conocido como El Congal de Lupe, donde la droga es la principal botana: .Son cuatro casas de putas en escuadra… Un paraíso. El promedio de clientes es de narcotraficantes para arriba. Congal de putas: putas con toda clase de lenguas mamadoras. Una torre de lamer.. [pp. 131-132]. También está la historia de El Chino, su antiguo compañero en la escuela primaria .Libro de Texto Gratuito., ahora metido en el narcomenudeo. Vende cocaína a domicilio sin que las autoridades le digan nada, porque hasta ellas son sus clientes. Un fragmento lo menciona: El Chino detiene el Malibú rojo en una calle oscura de Placetas Estadio, extrae dos grapas de coca y baja del auto. En la puerta cancel de la casa de junto, cambia el producto por dinero… El Chino hace la misma operación cinco
cuadras adelante y la repite en la colonia La Albarrada, donde hace tres entregas más. La empresa es fuerte, dice. [pp. 151-152]
Abel no hubiera dicho nada de la venta de droga, sino es porque mataron a su hermano los principales accionistas del negocio de estupefacientes. Se asusta
más cuando en la escena del crimen se nota la participación del licenciado Quintero, entonces le comenta al procurador:La intromisión del diputado Quintero era por demás sugerente. Un abogado penalista que
gozaba de mala reputación. Sus nexos con el narcotráfico eran del dominio público, pero por pertenecer a un sector influyente de la política local, el cual se ha adueñado prácticamente del norte de la ciudad, nadie abre el pico. ¿Entonces me está insinuando que yo puedo ser el próximo, licenciado?, pregunté temiendo escuchar lo que no quería escuchar. [pp. 193-194]
Por esa situación Abel huye de Colima, decepcionado de la falsa justicia, porque en el asesinato de su hermano participaron varios sujetos a los que nunca les pondrían las manos encima. A unos por su fuero y a otros porque se fueron. Dejaron montón de billetes en las oficinas para que nadie dijera ni viera nada, como en el extenso sembradío de marihuana donde se extravío de niño. También se fue porque la vida familiar lo hartó y como joven colimense, encontraba pocos apoyos y nulas oportunidades en su crecimiento profesional, a menos que se alienara a los intereses de los de más arriba y esperara su turno en el negocio verde de la droga. También se larga de la ciudad porque desea encontrar a su viejo amor de la adolescencia: Hortensia. Huye con su guitarra y un puño de joyas que le robó a la familia, para comer y sostenerse, mientras emprendía su odisea. Quería olvidar un pasado familiar lleno de contradicciones, presiones económicas, conflictos laborales, violencia intrafamiliar, desamores y aventuras sexuales. Deja atrás a sus hermanos Felipe, Bulmaro, Leticia y Bertha. En el instante de la crisis vienen todos los recuerdos a su mente: 1) Recuerda cómo su tío Rafael macheteó a su papá cuando se robó a su mamá. 2) Cuando le hizo el amor a su prima Clara, allá por el bordo. 3) Su trabajo en el Ministerio Público levantando denuncias y actas. 4) Su viejo amor por Hortensia, a la que encuentra embarazada en el norte del país y con otro amante. 5) Cuando mataron a balazos al abuelo, Cornelio de la Flor Montalvo, viejo usurero y prestamista. Era dueño del negocio .La barca de oro.. 6) Los tristes momentos en que su tía Leonila trabajó de prostituta en un cabaret, para ayudarse económicamente. 7) Sus trabajos esporádicos, como cantante, en diversos bares y cantinas del país. Por eso huye Abel Corona, porque los golpes de la vida están uno sobre otro, uno sobre otro: 8) Huye para olvidar su amorosa relación con la prostituta .Paloma., a la que teme y odia porque ella murió de sida y nunca le avisó. 9) Para olvidar sus amoríos con Adela, secretaria del Ministerio Público. 10) Las insinuaciones amorosas de su cuñada, Olga, y de Silvia, su compañera de trabajo. 11) La triste muerte de su padre, debido al cáncer que lo mantuvo postrado sus últimos años. 12) El penoso recuerdo de los hijos que dejó su padre en el Puerto de Manzanillo. 13) Por el asesinato contra su otro hermano, Paco, debido a un altercado con el Negro Diosea. 14) Su esporádico empleo como vendedor de tacos en el norte del país. 15) Su trabajo de chicharronero en la carnicería de don Pedro. 16) La muerte de su hermano Bulmaro, un año antes del crimen contra su hermano Ismael. 17) Sus intentos de suicidio porque no soporta la méndiga realidad: .Lo mejor sería ponerme una almohada en la sien y atravesármela de un balazo, como alguna vez lo quise hacer.. [p. 112] Por eso huye: 18) Porque teme que lo entierren vivo, como se enteró en algunos archivos del Ministerio Público, donde supo de un funcionario que de cuatro detenidos, tres morían; de cinco detenidos, cuatro; de seis, cinco y así infinitamente. 19) Porque descubre que su amorcito, Hortensia, cachondea con el cabrón de Rodolfo. 20) Para borrar de su mente el
suicidio de su tío Sebastián, que se pegó un tiro en la cabeza. 21) Para olvidar a su gran amor de la infancia: la Muni. 22) Para dejar de pensar en el viejito que cuida en Villa Hidalgo y al que le cambia los calzones todos los días. 23) Para dejar de soñar su muerte a cada momento… Para darle un poco de sentido
a su propia existencia. El título de la novela Y así, huyendo, roba el carro de su jefe, don Raúl Caraballo. Ensimismado en sus propios conflictos se imagina que anda en un tráiler rumbo a Mazatlán. Va oyendo una canción de .Los Yonics. y mientras pisa el acelerador, su carro va cayendo a un barranco sin
fondo. Esta imagen final de su accidente y su muerte le da sentido al
título: Conducir un tráiler. En pequeñas secuencias narrativas, como disolvencias
cinematográficas, el autor nos va dejando pistas de por qué el nombre de la novela. Al inicio de la obra detienen a un trailero porque atropelló a un cristiano y lo dejó molido en la carretera. Incluso lo encontraron cerca de Jalisco y llevaba embarrada entre las llantas traseras la pierna del occiso. Posteriormente, cuando huye a Monterrey buscando a Hortensia, le pide .aventón a un trailero llamado Roberto Alanís, quien le cuenta su vida, lo adentra en el mundo del narcomenudeo y la infidelidad. Más adelante, cuando está con Hortensia, musita: .Me gustaría saber lo que se siente conducir un tráiler, dijo esta vez para sí. [pp. 71-71]. Y en otra escena, cuando sale del trabajo, los pensamientos se le agolpan velozmente mientras sube a un minibús. Va recordando, como en una alucinación, la pistola de su hermano Bulmaro disparando contra la humanidad de Cecilio Chico, que desapareció sin dejar rastro contra esquina de Casa de Gobierno: .Para dar pie a los faros de un tráiler iluminando una carretera distante.. [p. 85] Y por conducir un tráiler, Abel Corona no supo conducirse él mismo. Ni condujo su vida por algún rumbo. Quiso viajar como los traileros, pero sólo pudo viajar al pasado de su propia historia, ésta sí, rica en anécdotas y denuncias, como si su mente fuera la caja de un tráiler, llena de cosas y detalles. Como la descripción que hace del homosexualismo y las lesbianas en Colima. La cantidad de bebidas que se consumen en la entidad. La miseria y pobreza en el sector rural. La opulencia en los sectores empresariales y en las mafias políticas. Los bules y las cantinas que se abren por doquier como florecitas de mayo. El machismo y la desigualdad de género en los terrenos donde se gestan las leyes y los reglamentos civiles. Por eso Abel Corona huía, anhelando conducir un tráiler, para escapar de la desesperanza, el tedio y el infortunio, aunque también comprendió, a su pesar que: .No hay por qué andarse con prisas cuando no hay destino ni paradero cierto. [p. 70]
Suplemento literario Altamar, periódico Ecos de la Costa

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