Entrevista con Rogelio Guedea, Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor, por Victoria Montemayor

 

El poeta no tiene otra alternativa que inventar o crear otros mundos.

La poesía crea realidad, no ficción. Afirmó que la poesía es realidad,

y para mí es la mayor realidad posible

porque es la que cobra conciencia real de la infinitud.

Roberto Juarroz, poeta argentino

Por Victoria Montemayor

Rogelio Guedea es un joven escritor colimense con amplia trayectoria y ganador de diversos premios nacionales e internacionales por sus obras de novela y poesía. Guedea es escritor, poeta, traductor, ensayista, cuentista y colaborador del diario “El Financiero”. Estudió la Licenciatura en Derecho en la Universidad de Colima y tiempo después, el Doctorado en Letras en la Universidad de Córdoba, España. Ha sido becario del Fondo para la Cultura y las Artes en tres ocasiones y director de la colección de poesía “El pez de fuego”. Entre sus obras se encuentran las novelas: “Vidas secretas”, “Conducir un tráiler”, Premio Memorial Silverio Cañada 2009, “41” Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor, 2012; en poesía: “Exilio”, “Kora” Premio Adonáis 2008, “Razón de mundo” Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2004, “Mientras olvido” Premio Internacional de Poesía Rosalía de Castro 2001, “Borrador”, “Fragmento” y “Colmenar”, entre otras. En microrrelato, que es una forma de relato breve conocido también como minificción o microficción, encontramos: “Pasajero en tránsito”, “Cruce de vías”, “Para/caídas”, “Caída libre” traducido al inglés, entre otros. Actualmente se encuentra trabajando en el guión de la película “41”, basada en la novela ganadora del premio, un libro en prensa titulado “Historia crítica de la poesía mexicana”, y demás relatos que se vayan formando en la página en blanco.

Conocí a Rogelio Guedea el día de la entrega del Premio y la inauguración del Centro Cultural Bicentenario Carlos Montemayor en la Ciudad de Chihuahua el pasado viernes 31 de agosto. Esta entrevista si bien es breve será publicada en dos partes. Podemos conocer un poco la trayectoria de Guedea, y echar un vistazo a sus escritores favoritos.

Si existen semejanzas entre el escritor chihuahuense Carlos Montemayor y el escritor colimense Rogelio Guedea, es que ambos, además de ser escritores comprometidos con su país, estudiaron leyes y literatura. El conocimiento de las leyes le sirvió a Montemayor para ser el gran crítico político e historiador que fue, como me lo comentó en alguna ocasión.

Victoria Montemayor (VM) Rogelio ¿Cómo vives la profesión de las leyes con la literatura? Si es que existe algún punto de encuentro ¿cómo lo conjugas?

Rogelio Guedea (RG) Estudiar Derecho y trabajar seis años como abogado (tres en la Procuraduría General de Justicia de Colima y tres en el Supremo Tribunal de Justicia) me ha dado una perspectiva muy importante por muchas razones. La primera, porque me ha forjado una visión de la justicia social que, sin esta formación, habría sido difícil tener. La segunda, porque gracias a esto he podido escribir, sobre todo en narrativa, novelas en las que se enfatiza esta vocación social de la justicia, sobre todo en un país como el nuestro, en el que gobierna no sólo la corrupción, sino lo que es aún peor, la impunidad.

VM ¿Cuándo nació la sensibilidad para cambiar a la literatura y cómo fue tu ida a España para estudiar allá?

RG Yo tenía vocación por las artes desde niño. Aprendí poemas de memoria (de León Felipe, de Neruda, etcétera) y participé en los concursos de declamación escolares. Pero estudié Derecho por la misma razón por la que siempre los escritores han confesado hacerlo: por insistencia familiar. ¿De qué vas a vivir? era la pregunta que resonaba en las cuatro paredes de mi habitación. De forma que decidí estudiar Derecho pero, al mismo tiempo, Letras, así que cuando terminé mi carrera de Letras fue que decidí abandonar la abogacía e irme a estudiar el doctorado a España. Obviamente, hoy no me arrepiento ni de haber estudiado Derecho, ni de haberlo abandonado por las letras.

VM De tus vivencias en España, tanto a nivel social como literario ¿Qué te marcó más? Compártenos algunos de tus recuerdos más memorables en España.

RG Conocer España me ayudó, básicamente, a darme cuenta de que hay un mundo que puede ser totalmente distinto más allá de nuestra aldea. Que hay costumbres, maneras de pensar, hábitos, visiones de la existencia, etcétera, que pueden ser incluso adversos a los nuestros y que, por lo tanto, nos deben hacer más plurales, más prudentes y siempre más abiertos. Pongo un caso concreto: en México prevalecía un tipo de poesía, digamos que la intelectual, y yo en algún momento pensé que éste era el tipo de poesía que yo debía escribir porque, sin duda, era la que regía todo el espectro de la poesía. Sin embargo, al llegar a España me di cuenta que la poesía que los españoles disfrutaban de la tradición española no era la que precisamente estaba en boga en México sino otra distinta, y que la que estaba en México en boga pasaba realmente indiferente, no influía; ni siquiera resonancia tenía. Ahí me di cuenta de lo relativo que puede ser todo y de lo importante que debe ser para el artista su conexión completa con la realidad, con el mundo, con la dimensión humana, pero no con ciertas modas literarias, que son finalmente pasajeras. Mis años en España me ayudaron a desencontrarme de estos lastres y me abrieron completamente a la realidad, la interior y la exterior, que para mí tienen la misma importancia.

VM De tu inclinación a la poesía, yo amo la poesía ¿qué escribes? es decir ¿qué te mueve a escribir poesía? y dinos tres de tus poetas favoritos.

RG De un tiempo a esta parte intento, obviamente, escribir sobre la otra cara de lo cotidiano. Esto es: me gusta ver en la experiencia consuetudinaria algo que no se haya visto antes, como quitándole el velo, sobre todo si este algo tiene conexión con el ámbito metafísico, filosófico, universal del alma humana. Mi poesía tiende a hablar de esa maravilla que suelen esconder los seres y los objetos cotidianos si uno les fija profundamente la mirada. Algunos de los poetas que más me gustan son César Vallejo, Roberto Juarroz y Juan Ramón Jiménez…

La semana pasada descubrimos algunas facetas del escritor Rogelio Guedea. La carrera de escritor no es nada fácil, me refiero a ser un buen escritor; pero ¿qué es lo que hace a un buen escritor? El uso del lenguaje, los libros que ha leído, los grandes escritores de los cuales uno aprende cierto estilo literario. Los escritores italianos por ejemplo, combinaban el oficio de reportero con la literatura. Los grandes escritores italianos del siglo XX fueron aquellos que participaron en la guerra y que en su escritura denunciaban las atrocidades y lo que sucedía en el campo de batalla; tiempo después escribieron cuentos, poesía y novela en los que narraban los horrores de la guerra. Rogelio Guedea no es la excepción. En su novela “41” describe parte de la realidad que estamos viviendo. Una cruda y devastadora realidad en donde la impunidad, la violencia, la injusticia y el narco crece día con día. Ser un buen escritor incluye conocimientos de la realidad en que se vive, de traducción, de poesía, de escribir ensayos, en fin, poseer una visión global de la literatura, la historia, la realidad y la vida. He aquí la segunda entrega de esta charla y descubramos más de sus intereses como escritor, guionista, traductor y humanista.

VM Como traductor ¿qué es para ti la traducción? y ¿cómo escoges a los escritores que deseas traducir?

RG Para mí traducir es como el trabajo de los escultores. Hay que sacar, también, de adentro de esa masa de palabras sin sentido (para aquel que en la otra lengua las leerá), una obra de arte. Yo he ido siguiendo ese proceso en cada poema que he traducido y que siempre he elegido por algo que haya provocado en mí. Hasta ahora así lo he hecho y así lo haré. En este momento traduzco los Notebooks de Samuel Butler, escritor inglés que vivió una temporada larga en Nueva Zelanda. Hay una traducción parcial ya de ellos, pero yo estoy intentando traducirlo completo. Es una experiencia realmente gratificante.

VM Como cuentista ¿qué tipo de cuentos escribes, qué clase de cuentos son tus favoritos y quiénes son tus cuentistas predilectos?

RG Yo escribo un espécimen cuentístico que se le ha llamado minificción o microrrelato. Para mí es una forma literaria anfibia, híbrida, a caballo siempre entre el poema en prosa, la prosa poética, el cuento ultracorto, el ensayo brevísimo, que me permite mirar hacia todas direcciones y que no me encorseta a ningún género literario, a ninguna regla preestablecida. Más que cuentistas, lo que admiro son a diaristas o a escritores que escriben de forma fragmentaria, y que, algunas veces, atinan en dar con un cuento, y en otra se acerquen al microrrelato o al ensayo, o incluso al aforismo. Algunos de mis predilectos son Fernando Pessoa, con “El libro del desasosiego”, Elías Canetti, con “Las provincias del hombre”, Walter Benjamin, con “Dirección única,” Julio Ramón Ribeyro, con “Prosas apátridas” y el propio Samuel Butler, con sus “Cuadernos”.

VM Como novelista, me parece que escribes para crear conciencia y dar a conocer lo que estamos viviendo como sociedad. En este sentido ¿qué fue lo que te impulsó a escribir así?

RG Durante el tiempo que trabajé en el Ministerio Público vi muchas injusticias, tal vez demasiadas, y vi, debo decirlo, que los que iban a la cárcel no precisamente tenían que hacerlo, sino los otros, muchos de ellos impunes por su poder político o económico. Entonces quise escribir una serie de novelas que pudieran tratar el tema, en el fondo, de la justicia, de la injusticia, de la impunidad, etcétera. La forma que sé más se adecuaba para ello era, obviamente, la policiaca, así que me aboqué en ello, y así fue cómo nació, primero, “Conducir un tráiler” (Random House Mondadori, 2008/Premio Memorial Silverio Cañada 2009 a mejor primer novela)”, “41” (Random House Mondadori 2010/ Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor 2012), y viene “El crimen de los Tepames”, también en la misma línea.

VM Sobre la novela “41” ¿Cuál fue el motor que te movió a escribirla?

RG Fueron, básicamente dos escándalos que tuvieron resonancia nacional. Por un lado, los actos de pedofilia del empresario Sucar Kuri y, por otro, el crimen del hermano de Gustavo Vázquez Montes, entonces gobernador de Colima. Esto me sirvió para realizar un fresco de la situación que golpea sensiblemente a amplios sectores sociales y, además, para poder tocar otros temas relacionados con la política mexicana y sus consabidos males.

VM Respecto a tu novela, “41”, que será llevada a la pantalla grande ¿ya están trabajando en el guión?

RG Se interesó por la novela “41” el cineasta Jorge Michel Grau, y sí, estamos trabajando en eso. El proceso va lento porque Grau tenía algunos proyectos pendientes por terminar, pero estamos apuntalando ya el guión para “41”, en la misma línea que su anterior película, “Somos lo que hay”, para la cual hice los diálogos. “41” tiene, debo decirlo, una mirada cinematográfica indudable y deliberada.

VM De las novelas que has leído sobre Montemayor ¿cuál es la que más te ha gustado o impactado?, ¿conoces su poesía?, ¿traducciones?

RG Como lo he dicho, con la obra de Montemayor siento una gran afinidad por muchas razones, pero la principal es por su preocupación social, su compromiso con la parte más infamada de la sociedad mexicana: los indígenas. De su obra narrativa, la novela que más me interesa y que más me ha influido es “Guerra en el paraíso”, otro gran fresco que refleja los problemas sociales del México de todos los tiempos, porque, desafortunadamente, todavía no acaban. Evidentemente conozco la poesía, sus ensayos y traducciones, pues igualmente escribo poesía, ensayo y hago traducciones. Su reivindicación de las culturas indígenas me parece ejemplar. Un legado que esperemos no se pierda en las nuevas generaciones de escritores.

VM El Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor es importante porque además de honrar la memoria del escritor chihuahuense y difundir su obra se reconoce el trabajo de los escritores en el continente Americano. ¿Qué significa para ti este Premio?

RG Los premios son estímulos, lo queramos o no. Hay que tener cuidado con ellos porque nos dan la sensación de haber llegado a algún lado, cuando en realidad es siempre el inicio. Para mí el premio Montemayor es muy importante por todo lo que ha significado la obra de Montemayor en mi propia obra, su visión sobre la literatura y la vida, y su compromiso con las causas sociales, pero también porque se trata de un autor para mí modélico, que exploró como yo, todos los cauces de la expresión literaria, y en todos fue afortunado. Yo no sé si lo consigo, pero lo intento siempre.

VM ¿Qué disfrutas más de la vida?

RG Me gusta mucho viajar y comer, tal vez sean mis dos grandes pasiones. Pero obviamente, me gusta leer y escribir, y vivir. Disfruto mucho, por ejemplo, viajar a sitios que me ofrecen una cocina rica y en los cuales pueda leer y escribir, mientras viajo. Ése es mi ideal de vida. Viajar, comer sabroso, leer buenos libros y tener tiempo para escribir, en las noches. Qué holgazán, podría pensarse. Y llevarían razón. Pero qué más da.

VM ¿Ya habías venido a Chihuahua antes? ¿Qué te gusta de Chihuahua? ¿Qué te resulta interesante de este hermoso estado?

RG Sí, ya había estado antes en Chihuahua. Hice un viaje que es muy famoso en el resto de México, ése que va de Chihuahua al Pacífico y que pasa por Cuauhtémoc, Creel, etcétera. Para mí una de mis fascinaciones es la cultura Tarahumara. Me gustaría tener una estancia más larga en Chihuahua para explorar más este ámbito de su cultura, porque los museos me dicen realmente poco.

VM Pregunta obligada: ¿conoces Parral, La Capital del Mundo? si su respuesta es afirmativa ¿qué le gustó más? si es negativa ¿le gustaría conocerla y por qué?

RG Una de mis ilusiones de ir a recibir el premio fue porque inicialmente me dijeron que sería la entrega en Parral, lugar que no conozco salvo por lo que ha contado en entrevistas el maestro Carlos Montemayor. Lo ha hecho poesía, pues, y quería verlo, caminar sus calles, escuchar sus ecos. Además, prefiero las ciudades pequeñas. Es un prejuicio que tengo, tal vez, pero siento que conservan más su identidad, están más puras y ofrecen voces más diáfanas. Volver a Parral es una deuda que tendré conmigo mismo.

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