La línea entre ficción e historia es muy delgada: Rogelio Guedea por Carlos López

Notiecos/Colima
A los pocos meses de haberse convertido en el primer mexicano que obtuvo el Premio Adonais de poesía, en España, Rogelio Guedea obtuvo en días recientes el Premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra escrita en español que otorga la Semana Negra de Gijón, en una carrera de palmarés iniciada en la península ibérica en 2001, cuando le otorgaron el Premio Internacional de Poesía Rosalía Castro, en Galicia.
A estos reconocimientos se agregan varios premios conseguidos a pulso en México y, sobre todo, el respeto de los lectores, a quienes Guedea ha entregado libros de poesía, ensayo, minificción y novelas.
Nacido en Colima en 1974, el también colaborador de varias publicaciones mexicanas estudió derecho y literatura. En la actualidad, es profesor y coordinador del Programa de Español y Portugués en la Universidad de Otago, Nueva Zelanda. Con treinta y pocos años de edad, y con una carrera literaria bien cimentada, Guedea se ha convertido en el mejor escritor colimense de todos los tiempos y uno de los mejores del México contemporáneo.
¿Qué retos tiene frente a sí después de obtener el Premio Memorial Silverio Cañada?
“El premio que otorga la Semana Negra a la mejor primera novela escrita en español está suscrito y acreditado por lo más granado que existe en tal ámbito, más allá de las fronteras del mundo hispánico. Esto, de entrada, define una sola expectativa: lo que sigue tiene que ser mejor. En mi caso, el reto es enorme porque Conducir un tráiler pertenece a una trilogía. Esta trilogía dialoga con lo paraliterario (específicamente con el género negro y policiaco, su hilo guía), pero, además, busca ser una, digamos, «obra abierta», que tenga de interlocutor a cualquier tipo de lector. En ese sentido, estoy buscando que cada novela tenga relaciones filiales con las otras y, al mismo tiempo, que, separadamente, a cada una la identifique una poética individual. Por ejemplo: en Conducir un tráiler la influencia del cine (sobre todo del relacionado con las road movies) y un homenaje al Hitchcock de La ventana indiscreta es indiscutible, además de una cantidad considerable de elementos relacionados con la cultura popular mexicana, que me interesan muchísimo en este momento.
Será difícil, lo sé, porque camino a contracorriente de las fórmulas. No tolero la autocomplacencia. De forma que se corre el riesgo de que la siguiente novela, que es distinta en muchos sentidos a Conducir un tráiler, no pueda tener la misma resonancia. No lo sé, no podría saberlo. Tal vez, incluso, pueda ir mucho más allá de cualquier expectativa. Pero veremos: por ahora estoy convencido de que lo mío es contar. Es decir: que pasen cosas. Me gusta que pasen cosas. No me interesa gastar diez páginas en decir lo que el personaje piensa. Me interesa que el personaje haga tal o cual cosa, así sea una brutalidad. Todo lo ganado en estructuras narrativas (incluyendo los más extremos experimentalismos) es reducido, en mi caso, al arte de contar una historia. A decir: siéntate ahí, paisano, y escucha lo que te voy a contar. Eso es lo que siempre tuve presente durante la escritura de Conducir un tráiler; espero que lo haya conseguido.”
Según Paco Ignacio Taibo II, Conducir un tráiler es una novela “excelente, grande, absolutamente heterodoxa, que resulta refrescante en el panorama de las novelas negras que hoy se están escribiendo”. ¿Cómo se siente con tales comentarios?
“Debo decir algo enfáticamente: nada hay como un comentario desinteresado. Nada. El comentario de Paco Ignacio Taibo II nace única y exclusivamente del diálogo establecido entre el lector y el libro. No media ahí para nada el escritor. Yo no conocía (ni conozco aún personalmente) a Taibo II antes de ese comentario. Además, sé por terceros que se ha expresado muy bien de la novela y ha subrayado su importancia. Viniendo de un escritor como Taibo pero, sobre todo, de un lector como él, no tengo más remedio que sentirme dichoso.”
¿Cuál es la historia real detrás de la historia novelada?
“Detrás de la historia novelada hay una historia real que se relaciona con mi familia paterna, una familia en la que la nota principal ha sido la violencia. Suicidios, crímenes, violencia por todos los costados. Éste es el telón de fondo de Conducir un tráiler. El pie, digamos, que quedó asentado en la realidad. De ahí partí para contar una historia (dentro y fuera de otras muchas historias, como en película mencionada de Hitchcock) que está siendo actualmente la historia de todos los mexicanos y que tiene su origen (y lo seguirá teniendo todavía por un buen rato) en la desigualdad que, a fin de cuentas, no es más que un asunto de clases: criollos, mestizos, indios, mulatos… No quiero entrar en detalle en esto, pero ahí está radicada la parte medular del problema: todos queremos ser (a como dé lugar) el rey Juan Carlos y la reina Sofía, o Maximiliano y Carlota, o el tlatoani Acamapichtli y su esposa Ilancueitl. Si se reflexiona un poco sobre esto, se verá que la apreciación no es inexacta.”
¿Supera la ficción a la realidad?
“En ciertas tradiciones y países, como México, por supuesto. En Nueva Zelanda, por ejemplo, donde vivo ahora, es difícil que la ficción supere a la realidad. Aquí la realidad, en cierto sentido, está maniatada. No tiene margen de error, es decir, de ficción. Hay excepciones, claro, pero lo que aquí es excepción, en México es norma. Ni la una ni la otra (me refiero a la cultura) es buena o mala, es simplemente que ciertas sociedades (como personas) son más propensas a tales o cuales cosas y menos a otras, según sus condicionamientos culturales, geográficos, religiosos, etcétera. México y Nueva Zelanda no sólo son antípodas geográficas sino también culturales y psicológicas.”
La literatura es fuente placentera de conocimiento. ¿Qué va a pasar con las disciplinas científicas a las que la literatura les está ganando la partida? Un caso concreto es la historia, que más parece ficción, y que oculta o distorsiona la realidad, muchas veces con fines aviesos.
“Curiosamente, la tercera y última novela de la trilogía que escribo tenderá un diálogo con la novela histórica. El contexto será la Revolución Mexicana, época que siempre me ha interesado mucho. No sé si sea temerario decir que encuentro más verosímiles (y por lo tanto más reales y más creíbles) las novelas históricas que aquellos libros que nos cuentan (con cientificidad) la historia. La línea entre ficción e historia es muy delgada, tan delgada como aquella que divide a la cordura de la locura, pero aun así creo en el carácter científico de la ficción histórica y en el hecho de que realmente puede sacar a la luz todo eso que la historia como disciplina científica oculta o distorsiona con fines aviesos, como bien dices. Esto no quiere decir, claro está, que no existan estudios verdaderamente objetivos tanto sobre pasados inmediatos como remotos. Los hay: y los que escribimos o escribiremos novela histórica tenemos la obligación de poner sus nombres en la plantilla de agradecimientos.”

Ecos de la Costa, Domingo 26-Julio-2009


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