Perspectiva Global, entrevista con Rogelio Guedea por Salvador Suárez Záizar

Fecha: 26 de Enero de 2009
En éste y el próximo artículo te comparto la entrevista que realicé al escritor colimense Rogelio Guedea, una persona que ha tenido la oportunidad de viajar y desarrollar lo que él denomina mirada calidoscópica. Es licenciado en Derecho, en Lengua y Literatura Españolas y doctor en Letras Hispánicas. Reside en Nueva Zelanda, donde trabaja en la Universidad de Otago como jefe del Departamento de Español. Ensayista, narrador, traductor, profesor y, sobre todo, poeta, ha editado más de una veintena de libros por los que ha recibido diversas distinciones como el Premio Internacional de Poesía Rosalía de Castro 2001, Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2004, Premio Nacional de Poesía Sonora 2005, y la obtención recientemente del Premio Adonais 2008 en su 62ª convocatoria.

¿El viajar cómo ha enriquecido tu vida y visión del mundo?
El viajar te da, principalmente, un punto de mira, una perspectiva que observa, a la vez, desde todos los ángulos. Te da la tolerancia, sí, y muchas otras cosas más, pero principalmente viajar te permite tener una mirada calidoscópica y, digámoslo así, de águila. Colima no se ve igual desde la catedral que desde la cima del volcán, ¿no? Viajar ha sido fundamental para mí, por eso lo he hecho desde que era un niño, primero llevado por mi padre (que fue un tiempo agente viajero) y luego impulsado por mí mismo. Recorrí todo el país en autobús, muchas partes en bicicleta, en tren, etcétera, y pude ver, ésa es la palabra, pude empezar a ver. Luego tuve la oportunidad de recorrer Europa y, lo que es mejor, de tener estancias largas en algunos países. Ahora vivo en Oceanía, Nueva Zelanda, y también he viajado por Australia y algunos países de Asia, como Corea del Sur, cuya cultura me ha dejado encantado, al igual que Japón. Creo que nos falta esa cultura, la cultura del viaje, pero siempre y cuando ésta vaya acompañada también de un viaje interior, personal, intelectual, humano, que permita unir o hacer dialogar lo exterior con lo interior, los dioses de afuera con los de adentro, los jardines exteriores con los interiores, la realidad y el deseo.

¿Cómo logras adaptarte a la cultura del lugar que visitas?
Nunca he tenido dificultades para adaptarme a otras culturas porque siempre he vivido la mía intensamente. Siempre he sido mexicano, desde adentro. Y siempre he sabido que la multiculturalidad no es fundirte con la otra cultura, sino convivir en santa paz con los otros sin dejar de ser tú mismo. Y yo he estado en países, afortunadamente, en donde estos aspectos son bien comprendidos. Nueva Zelanda es un país de una tolerancia que raya en el delirio. Cuando iba a nacer mi hija Brunella, mi mujer tuvo que llenar en el hospital un formulario, en el cual le hacía muchísimas preguntas para saber cómo eran las costumbres de nacimiento en nuestra cultura para ellos respetarlas. Por lo tanto, lo único que hago es amar (esa es la palabra: amar) mi cultura, sentirme orgulloso (esa es la palabra: orgulloso) de lo que soy y de donde nací, y entregar lo mío, sí, esa es la palabra (entregar lo mío), porque en Nueva Zelanda están ávidos de compartir, de conocer lo otro.

¿Qué extrañas de México cuando estás fuera de nuestro país?
Bueno, yo soy un tipo nostálgico, melancólico, y cada vez lo soy más, así que extraño todo. Extraño los mercados, las voces nocturnas, las comaladas del Molcate, las tortas ahogadas del Marro, mis paseos por el centro de la ciudad, la charla con algunos amigos en Mazamitla, el mar El Real, una banca del Parque Hidalgo donde suelo sentarme a ver, mi barrio Los Viveros, al que procuro ir todos los días, la tortilla, etcétera.

¿Qué ha significado para ti la experiencia de transmitir tus conocimientos y visión a personas de otros países?
Ha sido comprobar que cuando uno no se avergüenza de lo que es, hace nacer en el otro la pasión por lo que uno tiene. Yo tengo dos cursos de cultura: uno de poesía y dictadura, y otro de cultura popular latinoamericana, en donde hablo de cine, comics, gastronomía, danza, música, mitos y leyendas, etcétera. Los estudiantes terminan fascinados (y no porque yo sea buen profesor pero sí, al menos, un buen guía culturístico) y entonces después de esos cursos la mayoría decide hacer intercambio académico a alguna universidad de Latinoamérica con las que tenemos convenios, incluyendo la Universidad de Colima. Ahora que estoy encargado del departamento de español he tratado de darle mucho mayor impulso a Latinoamérica y eso se ha visto no sólo en el incremento de intercambios con nuestro continente sino también en el número de estudiantes que están ingresando a nuestro Programa de Estudios Latinoamericanos, lo que me da mucho gusto porque, para ser honestos, cada estudiante que va a Latinoamérica, específicamente a México, y más específicamente a la Universidad de Colima, es como si se tratara de mí mismo, como si ese estudiante fuera yo mismo yendo a mi ciudad de origen.

¿Qué puede encontrar una persona en la lectura que lo acerque a la experiencia de viajar?
Leer es un viaje, también, como se sabe. Es ya una frase hecha, una frase común. Pero yo creo, y cada vez estoy más convencido, que la mejor lectura es la lectura del mundo, tal como lo hacían nuestros clásicos. Hay una cultura libresca que sensibiliza, que te abre a la libertad y a la verdad, pero hay una cultura del ver y experienciar, que me gusta más. He estado leyendo ahora sistemáticamente a los clásicos y en ellos he encontrado y revalorado la importancia del ver y del pensar sobre lo que se ve. En un estudio sobre el Arte Poética de Horacio, se leía eso también. Y yo soy un convencido. De ahí, de la realidad, emergen de forma natural, vital, intensa, los mejores poemas, las mejores novelas (las más vivas, las más fuertes), las mejores crónicas. Pero claro, para llegar a estas conclusiones (pero para llegar a ellas con convicción, sintiéndolas intensamente, no de leídas), hay que haber tenido la experiencia real de ser lector. Y de eso, sin falsas modestias (hay que quitarnos también estas taras de la falsa modestia), yo sí he vivido la experiencia intensamente.

¿Qué mensaje darías a los lectores de esta sección Perspectiva Global?
Que sueñen y que vayan a la busca de sus sueños con todas las partes de su cuerpo y alma. Que tengan fe y confianza en ellos. Que busquen siempre la virtud, la generosidad. Porque no se puede ser lo que sea si primero no se es buena persona, si primero no te conmueve (pero no de mentiritas) el dolor del mundo. Todo se puede lograr, queriéndolo, deseándolo intensamente. Para el que no ha encontrado su vocación, ese trabajo que desearía realizar aunque no se lo pagaran, debe primero levantarse y luego dormirse pidiendo encontrarla. Nada más que eso, porque si no se tiene una pasión, no se tiene nada. Pero el que ya tiene una vocación, una pasión por vivir, tiene la vida ganada. Y debe dedicarse a ella en cuerpo y alma, tal como lo he hecho. Y tener fe, seguridad, soñar, esperanzarse en ella. Todo puede lograrse, repito, queriéndolo, deseándolo intensamente, siempre y cuando, claro está, en ello no vaya un fin malsano.

Termino agradeciendo a Rogelio Guedea por esta entrevista y lo felicito por su exitosa trayectoria.

Entrevista en: Periódico Ecos de la Costa

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