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	<title>Rogelio Guedea &#187; corrupción</title>
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	<description>escritor mexicano</description>
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		<title>Abrir las aguas</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 17:51:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde arriba se ve mejor abajo, sin duda. Y si hay un poco de distancia, mejor. Si uno está arriba (una colina, un edificio, un poste) y aparte un poco alejado del punto de encuentro (un pueblito al sur, una cabaña frente al mar, incluso un libro entremedio), todo adquiere una dimensión distinta. Hablo de Colima, sí. Específicamente de la venganza, curioso tema que un periodista del periódico Crónica ha destacado recientemente en mis novelas. Lo he dicho: al ex gobernador Silverio Cavazos lo quieren linchar a como dé lugar. Pera pera pera: no vengo a defenderlo, vaya por Dios. Él tiene sus dos manos y es abogado. No: lo digo porque el acto me despatarra de lo evidente que es. Fíjense bien: no sólo quieren que se le linche públicamente, así colgado de un árbol por la avenida Pedro Galván, como en la época cristera, sino aparte quieren que el verdugo sea el propio gobernador Anguiano Moreno. Chin! Ellos tampoco quieren ensuciarse las manos, qué pulcros. Chíngalo tú, Locho y Nico y quien más se sume. Mátalo tú, gobernador, etcétera. Entiérralo tú, Moreno Peña, con tu risa de hiena, cómo gozarás. Y luego, ya que el novenario se haya terminado, entonces venga a nosotros, Mr. Diario de Colima, la buena prebenda mensual. Somos invencibles, dirán los fuegos de artificio. Lo bueno de todo esto es que no hay cosa buena por la que haya que detenerse. El gobernador Anguiano Moreno, por tanto, debe abrir las aguas. Concentrado debe estar, insisto, en apuntalar planes, proyectos, en allegarse a gente igualmente con planes y proyectos, y en hacer confluir estos planes y proyectos para el bien de Colima en otros planes y proyectos que otros estados o países hayan llevado a cabo con éxito. Ante el abismo vecino, no hay otra misión. Los ojos adelante, como el bastón del porvenir. </p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=76494&amp;encabezado=ParacaÃ­das">Ecos de la Costa</a></p>
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		<title>Estado de honestidad</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Dec 2009 16:57:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un país como México, y en un gran país como Latinoamérica, la única opción de sobrevivencia es el estado de honestidad. El estado de honestidad es, para el caso mexicano, una costura, un delgado lindero, una endeble cicatriz que junta o divide (según se le vea) lo bueno de lo malo, lo sucio de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">En un país como México, y en un gran país como Latinoamérica, la única opción de sobrevivencia es el estado de honestidad. El estado de honestidad es, para el caso mexicano, una costura, un delgado lindero, una endeble cicatriz que junta o divide (según se le vea) lo bueno de lo malo, lo sucio de lo limpio, lo bienintencionado de lo malicioso, lo transparente de lo turbio, lo individual de lo colectivo. El estado de honestidad es apenas un haz de luz que congrega términos como igualdad, justicia, empleo, democracia, libertad, seguridad, etcétera, y que, de no valorarse, sepultaría toda posibilidad de acceso al verdadero bienestar social. En un país como México, y en un gran país como Latinoamérica, los únicos que podrían realmente cambiar algo –si algo todavía puede cambiarse- son los habitantes de estas costuras o delgados linderos, de estas endebles cicatrices que juntan o dividen (según se le vea) lo bueno de lo malo, lo sucio de lo limpio, lo bienintencionado de lo malicioso, lo transparente de lo turbio, lo individual de lo colectivo. Aunque son muy pocos estos habitantes, y muchos de ellos nos miran desde la pequeña colina de su juventud o desde el apartado islote de su vejez, habría que congregarlos otra vez, como hacían los antiguos en aquellas noches sombrías, y escucharlos de nuevo, alentar sus ideas y pasiones, aferrarse a sus sueños, esperanzas, y así empezar a poner, de nuevo, una carretada de piedras sobre el viejo cadáver de lo imposible.</span></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=74253&amp;encabezado=Al%20vuelo">Ecos de la Costa</a><br />
</span></p>
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		<title>La UdeC, en bancarrota II</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 09:44:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Habría que volver a empezar desde el principio, pero ya no es posible. El pasado, dicen, no puede cambiarlo ni Dios. Así que mejor reiteremos: la UdeC, con el rectorado de Aguayo López, uno de los más grises de nuestra historia universitaria, está en bancarrota. Y ahora no sólo lo digo yo, ni los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"> Habría que volver a empezar desde el principio, pero ya no es posible. El pasado, dicen, no puede cambiarlo ni Dios. Así que mejor reiteremos: la UdeC, con el rectorado de Aguayo López, uno de los más grises de nuestra historia universitaria, está en bancarrota. Y ahora no sólo lo digo yo, ni los que ya han escrito al respecto, sino que además así lo demuestra un reportaje aparecido en el último número de la revista Proceso y firmado por el periodista Pedro Zamora. El título es por demás significativo: “Diagnóstico: deficiencias en todo”. Sí, se refiere a nuestra alma máter: “deficiencias en todo”. ¿Alguien vendrá a decir que este reportaje también es producto del resentimiento de un periodista ingrato? No me voy a detener a glosar cada uno de los puntos que se documentan porque ahí están a la vista del que compre la revista, pero para aquellos que, por una u otra razón, no puedan tener acceso, aquí les dejo una síntesis. La investigación ha arrojado los siguientes resultados: 1) Baja productividad e impacto de las publicaciones científicas producidas por los profesores investigadores si se les compara con los estándares mundiales, 2) Nombramientos de profesores de tiempo completo sin criterios propios de selección, lo que fomenta la “mala calidad” de las producciones científicas, 3) La capacidad académica del 40% de los profesores es deficiente, cuentan con una limitada habilidad para idiomas extranjeros e incluso problemas para escribir en su propia lengua, 4) Hay un deficiente desarrollo y promoción de estudios de posgrado, 5) Existe una excesiva burocracia académica, 6) Alto porcentaje de directivos de escuelas y facultades sin estudios de posgrado, 7) Se otorga más importancia al cumplimiento de horarios que a la entrega de resultados, <img src='http://www.rogelioguedea.com/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> Se tolera la ineficiencia y el desapego al trabajo, 9) Falta de técnicos especializados para dar manutención a la infraestructura relacionada con el desarrollo científico, 10) Insuficiencia en bibliotecas, acceso a la información, disponibilidad de software y bibliografía, 11) Poca conexión de proyectos realmente de impacto social. Etcétera. Y mientras estos problemas crecen y se multiplican de espaldas a la indiferencia e incapacidad del rector Aguayo López y su equipo de colaboradores, el Puerto Seco y la plantación de arbolitos y el Sorteo Loro siguen siendo las grandes banderas del naufragio universitario. ¿Y quieren más presupuesto? A la incapacidad no hay presupuesto que le alcance. Insisto: necesitamos ya, urgentemente, una nueva ley orgánica universitaria que nos garantice que el próximo rector será un verdadero académico, con doctorado, con publicaciones científicas en revistas arbitradas, con trayectoria administrativa y reconocimiento como profesor de asignatura, pero además que sepamos que sabe pensar, escribir, debatir, y que además tiene conocimiento de la realidad educativa nacional. Una nueva ley orgánica que nos permita valorar los mejores perfiles para luego elegir, a través de una elección realmente democrática, al mejor, ese que pueda hacer con lo poco, mucho, y que pueda asegurarnos transparencia, congruencia, honestidad e, incluso, valor. Una última nota: si el rector Aguayo López reconociera de súbito el daño que en estos casi cinco años de gestión le ha ocasionado a nuestra alma máter (y no sólo por lo que ha hecho sino, sobre todo, por todo lo que ha sido incapaz de hacer), entonces se daría cuenta de que lo mejor que podría hacer es renunciar al cargo e irse a su restaurante a hacer carnitas.</span><br />
<span style="font-size: small;"><span style="font-family: Verdana,Arial;"><a href="Habría que volver a empezar desde el principio, pero ya no es posible. El pasado, dicen, no puede cambiarlo ni Dios. Así que mejor reiteremos: la UdeC, con el rectorado de Aguayo López, uno de los más grises de nuestra historia universitaria, está en bancarrota. Y ahora no sólo lo digo yo, ni los que ya han escrito al respecto, sino que además así lo demuestra un reportaje aparecido en el último número de la revista Proceso y firmado por el periodista Pedro Zamora. El título es por demás significativo: “Diagnóstico: deficiencias en todo”. Sí, se refiere a nuestra alma máter: “deficiencias en todo”. ¿Alguien vendrá a decir que este reportaje también es producto del resentimiento de un periodista ingrato? No me voy a detener a glosar cada uno de los puntos que se documentan porque ahí están a la vista del que compre la revista, pero para aquellos que, por una u otra razón, no puedan tener acceso, aquí les dejo una síntesis. La investigación ha arrojado los siguientes resultados: 1) Baja productividad e impacto de las publicaciones científicas producidas por los profesores investigadores si se les compara con los estándares mundiales, 2) Nombramientos de profesores de tiempo completo sin criterios propios de selección, lo que fomenta la “mala calidad” de las producciones científicas, 3) La capacidad académica del 40% de los profesores es deficiente, cuentan con una limitada habilidad para idiomas extranjeros e incluso problemas para escribir en su propia lengua, 4) Hay un deficiente desarrollo y promoción de estudios de posgrado, 5) Existe una excesiva burocracia académica, 6) Alto porcentaje de directivos de escuelas y facultades sin estudios de posgrado, 7) Se otorga más importancia al cumplimiento de horarios que a la entrega de resultados, 8) Se tolera la ineficiencia y el desapego al trabajo, 9) Falta de técnicos especializados para dar manutención a la infraestructura relacionada con el desarrollo científico, 10) Insuficiencia en bibliotecas, acceso a la información, disponibilidad de software y bibliografía, 11) Poca conexión de proyectos realmente de impacto social. Etcétera. Y mientras estos problemas crecen y se multiplican de espaldas a la indiferencia e incapacidad del rector Aguayo López y su equipo de colaboradores, el Puerto Seco y la plantación de arbolitos y el Sorteo Loro siguen siendo las grandes banderas del naufragio universitario. ¿Y quieren más presupuesto? A la incapacidad no hay presupuesto que le alcance. Insisto: necesitamos ya, urgentemente, una nueva ley orgánica universitaria que nos garantice que el próximo rector será un verdadero académico, con doctorado, con publicaciones científicas en revistas arbitradas, con trayectoria administrativa y reconocimiento como profesor de asignatura, pero además que sepamos que sabe pensar, escribir, debatir, y que además tiene conocimiento de la realidad educativa nacional. Una nueva ley orgánica que nos permita valorar los mejores perfiles para luego elegir, a través de una elección realmente democrática, al mejor, ese que pueda hacer con lo poco, mucho, y que pueda asegurarnos transparencia, congruencia, honestidad e, incluso, valor. Una última nota: si el rector Aguayo López reconociera de súbito el daño que en estos casi cinco años de gestión le ha ocasionado a nuestra alma máter (y no sólo por lo que ha hecho sino, sobre todo, por todo lo que ha sido incapaz de hacer), entonces se daría cuenta de que lo mejor que podría hacer es renunciar al cargo e irse a su restaurante a hacer carnitas.">Ecos de la Costa</a><br />
</span></span></p>
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		<title>Caso Universidad de Colima. Historias Anónimas I.</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 19:42:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es una contradicción pensar que la verdadera educación (la formación intelectual, moral, sentimental, etcétera) tiene como objetivo crear hombres sin libertad, sin ideas críticas o de justicia, sin aspiraciones democráticas y de igualdad. Pero si notamos que éste es precisamente el tipo de hombre que vive o egresa de las aulas universitarias, entonces algo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">Es una contradicción pensar que la verdadera educación (la formación intelectual, moral, sentimental, etcétera) tiene como objetivo crear hombres sin libertad, sin ideas críticas o de justicia, sin aspiraciones democráticas y de igualdad. Pero si notamos que éste es precisamente el tipo de hombre que vive o egresa de las aulas universitarias, entonces algo de fondo no anda bien. Este comentario pareciera tocar un aspecto tangencial de la educación mexicana, pero en realidad – si se observa bien – no hace sino subrayar uno de los ámbitos de mayor trascendencia para el desarrollo y perfil de las sociedades: el de la conciencia social. Los niveles de conciencia social – y ya no los puramente económicos – son los que determinan ahora qué países pueden considerarse de primer, segundo o tercer mundo. A mayor conciencia social, mayor civilidad. A mayor civilidad, mayor respeto a la legalidad. Y a mayor respeto a la legalidad, mayor oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida, que es – finalmente – lo que todo ser humano busca. Pero sucede que a esto no se puede llegar sin bases educativas sólidas, pues son éstas las únicas que alientan las ideas de libertad, democracia, igualdad, justicia, conciencia social y civilidad. De ahí la necesidad de insistir en que el destino de la educación mexicana – desde la preescolar hasta la universitaria – esté en buenas manos. Yo, como académico universitario, tengo como ámbito la universidad, así que es la educación universitaria mi marco de reflexiones y la sociedad en general – no los cinco o diez que puedan verse afectados por mis comentarios – la depositaria de mis ideas, aun cuando no se esté de acuerdo con ellas. Lo que he querido hacer desde que empecé a cuestionar al rectorado de Aguayo López es, simplemente, pensar en voz alta y señalar públicamente lo que muchos ya saben de primera mano y otros querían corroborar. Obviamente, en este momento el espectador o lector no podrá fiarse de la información emitida por los diferentes medios de comunicación con que cuenta nuestra máxima casa de estudios porque – vaya paradoja – lo que intentan es desinformar y “aparentar” que todo marcha sobre ruedas. Lo que intenta es: no educar. Ha sido tanto ese afán que han llegado al exceso de hablar de las personas como si se tratara de mercancías. No menos el otro día leía una nota en la que se ponderaban los valores de un deportista universitario no con adjetivos exactos como “reconocido deportista” o “condecorado deportista” sino con adjetivos propios del marketing: “deportista de clase mundial” (“UdeC. Es Cristóbal Aburto profesor de judo de clase mundial”). Espero que esto no les vaya a llevar a cometer el exceso después de decirnos que tenemos también “secretarias de clase mundial” o “académicos ISO-Loquesea” o “un oficio rectoral sin fronteras”. Como se están llegando, decía, a excesos irrisorios con tal de simular la mediocridad del rectorado de Aguayo López – que es tanta que tiene que recurrir a malabares mediáticos –, yo, para compensar, daré muestras pequeñas de la otra realidad (la verdadera) que padecen los universitarios de todos los niveles (académicos, administrativos, estudiantes, etcétera), para que la sociedad en general (que es la que me importa y no los cinco o diez que se vean afectados por estos comentarios) llegue a sus propias conclusiones. Iniciaré con una mensaje que llegó a mi buzón electrónico hace ya algunas semanas. Por supuesto, el remitente me pidió su anonimato pero eso no quiere decir que ante una instancia legal, en caso necesario, no pueda ratificar su veracidad. Aquí el mensaje en donde habla del despido que sufrieron trabajadores de la UdeC debido al ingreso arbitrario del hijo del rector Aguayo López:<br />
“Qué tal Sr. Guedea, espero se encuentre bien.<br />
El día de hoy mi hermana me dice que lea un artículo que publicó Rogelio Guedea, que el esposo de ella ayer lo leyó y donde escribe cuestionando al rector de la UdeC. Cosa que a mi en lo particular me interesa, ya que estoy completamente de acuerdo contigo de lo que cuestionas y todo es cierto, déjame decirte que yo fui uno de los que dejó sin empleo por cuestiones laborales que no coincidimos con el Jr. y su grupo de cuates (de generación y juegos cibernéticos). Rogelio, hace varios días cuando vi un artículo tuyo donde cuestionas también al rector hice el intento de tener contacto contigo, no lo logré (parece que lo lograré con este correo), entonces quise triangular con XXXX para que él te hiciera llegar dicho correo (se encuentra redactado abajo). Espero te sirva de algo y puedas hacer más por nuestra causa injustificada de despido&#8230; (cosa que ya no me importa porque a estas alturas gracias a Dios me va mucho mejor y si hubiera seguido en la UdeC con ese ambiente, ahorita estuviera enfermo o quizá hospitalizado).<br />
Saludos&#8230;<br />
PD. Cuento con una grabación donde estamos los tres despedidos y el abogado general de la UdeC cuando nos despidieron, sólo que ahí sí tengo recelo o miedo a represalias. (…) Resulta que el señor este (rector Aguayo) hizo un movimiento en una de las dependencias para nombrar y posicionar al Jr. (su hijo) y su bola de cuates en esa dependencia (entre esos movimientos el que quedaría de director de dicha dependencia , que ahora por su puesto que ya lo ascendió más, como coordinador) aún no perteneciendo nunca a la nómina de la UdeC, pero el secreto viene de que esta persona le ayudó a su hijo a pasar la maestría (en el Cisese, ensenada), ya que lo habían reprobado y en pago a eso lo puso como director, no antes con un circo barato dizque de evaluación de las TIC&#8217;s en la UdeC lo trajo para hacer un estudio valín (bien hecho) para pagarle dos años que duró supuestamente ese estudio y después posicionarlo como director).<br />
Si bien el 80 por ciento del personal se cambió, renunció y otros los corrieron, te estoy hablando de gente que tenia hasta 15 años de trabajo, ese cambio fue denigrante, humillante y amenazante por parte del rector, Jr. y achichincles lame huevos. Siguiendo con el tema de los tres corridos, los inculparon de unos atentados de bomba en la UdeC (en pocas palabras casi les dijeron terroristas), con ese cuento les salieron, además el abogado general de la UdeC se los dijo y los llamó para liquidarlos sin más ni más (sin darles tiempo de protegerse o protestar, ahí mismo los amedrentaron) y todo esto por que estas tres personas, al igual que muchas más, no estuvieron de acuerdo con el Jr. y no le correspondieron. Por lo tanto esas tres personas de trabajo, de lucha de principios y valores, pero sobre todo por amor a la UdeC, los botaron por caprichos del rector y el Jr., y les robaron un proyecto de vida. XXX, bien sabes que estas cosas son delicadas y como te lo mencioné confío en ti y esto es sólo una probadita de ese tema en esa dependencia que con sarcasmo, prepotencia, intimidación y humillación, va el Jr. de 12 a tres de la tarde de lunes a viernes sólo a jugar en las computadoras con sus demás compañeros de generación”.<br />
¿Es ese el rector de clase mundial que queremos los universitarios? ¿Nos va a dar el rector una explicación sobre esto? ¿Cuántos casos más como éste se necesitan para que el rector o rectifique o dimita? Espero que estas denuncias vayan dejando clara la necesidad de no postergar los cambios sustanciales (en todos los ámbitos) que requiere nuestra máxima casa de estudios, y que además no queden impunes los actos de arbitrariedad, nepotismo, corrupción y represión cometidos por el rector Aguayo López, porque con ello se estaría violando también nuestro estado de derecho. </span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=70527&amp;encabezado=PARA/CA%CDDAS">Ecos de la Costa</a></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La (i)lógica del Sorteo Loro o los jugosos negocios del rector Aguayo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 10:26:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La simulación (es decir: la falta de concordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que es y no es) nos ha descompuesto el sentido común, esa lógica que nos permite razonar y concluir objetiva y eficazmente, y que es necesario que empecemos ya a practicar con mayor asiduidad antes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">La simulación (es decir: la falta de concordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que es y no es) nos ha descompuesto el sentido común, esa lógica que nos permite razonar y concluir objetiva y eficazmente, y que es necesario que empecemos ya a practicar con mayor asiduidad antes de actuar, hablar o escribir. El otro día entré a la página de Transparencia de la Universidad de Colima y me puse a pensar (es decir a encontrarle la lógica) al Sorteo Loro y a toda la parafernalia de gastos que genera su burocracia organizacional (pago de salarios, publicidad, renta de instalaciones, gastos operativos, etcétera, etcétera), y me di cuenta del poco sentido social y realmente funcional que tiene este evento, que sólo genera desgaste y malestar en la mayoría de los trabajadores universitarios (muchos de los cuales tienen que pagar los boletos), así como de la sociedad en general (harta ya de rifas y sorteos), en beneficio, por el contrario, de los poquísimos que se benefician (los 10 o 15 que se ganan los premios gordos) y los miles que reciben el raquítico beneficio de las becas (que parece que no son el objetivo final de este sorteo), además del resto de las obras sociales cuya canalización, según lo dicho por el Dr. Carlos Moisés Hernández en entrevista a Diario Avanzada, tampoco es consensuada. Como del Sexto Sorteo Loro todavía faltan algunas asignaciones, analizaré con la lógica más simple el Quinto Sorteo Loro, utilizando la información que aparece en Transparencia. Para el Quinto Sorteo se vendieron, según lo dicho por el propio rector, aproximadamente el 95 por ciento de los 55 mil boletos, cuyo costo fue de 250 pesos, es decir, se obtuvo poco más de 13 millones de pesos. El monto total de los premios, según información dada también por el rector el día de su arranque, fue de 5 millones 606 mil 950 pesos, repartidos en una casa con un valor de 2 millones 800 mil pesos, un condominio en Manzanillo con valor de 1 millón 433 mil, otra casa en Villa de Álvarez con valor de 650 mil pesos, además de una camioneta X-TRAIL, y dos automóviles, un ALTIMA y un TIIDA, una motocicleta CMX 250 Rebel, más aparte dos automóviles para el sorteo colaboradores, un Nissan Sentra y un Tsuru, más los premios para los vendedores, uno de 40 mil pesos y dos de 10 mil. Esta cantidad de 5 millones 606 mil 950 pesos benefició, según estos premios, a 12 personas (o 15 si se quiere). Sólo 12 personas (o 15 si se quiere) se llevaron estos 5 millones 606 mil 950 pesos. Bien, el monto destinado a becas y obras sociales de este sorteo fue de 1 millón 801 mil 227, de los cuales 980 mil 115 pesos fueron destinados a becas, beneficiándose con ellas a 499 estudiantes. El sentido común, sólo el puro sentido común, está aquí torcido. Cómo puede ser posible que más de 5 millones de pesos sirvan para beneficiar a aproximadamente 12 personas (15, pues), y que menos de un millón de pesos sirva para beneficiar a 499 estudiantes, con becas que llegan a veces por semestre, como en el caso de la beca Moreno Peña, a poco más de los mil pesos! Cómo es posible que en este Sexto Sorteo, por ejemplo, Carlos Hernández López, hijo del amigo íntimo del rector, se haya ganado –sin necesitarla de verdad- una casa de más de 3 millones de pesos ¿es amigo del rector también el constructor de esta casa?, mientras que un estudiante recibirá por todo un semestre poco más de mil pesos de beca, en lugar de que estos premios chonchos realmente recayeran sólo en aquellos estudiantes que tuvieran extrema necesidad y que demostrarán excelencia académica. Pero no, aquí está claro que el negocio y las intenciones son otras y que el sentido “social” del Sorteo Loro es también la fachada de una casa residencial. Aunque yo, por las razones expuestas, estoy totalmente en contra del Sorteo Loro y de todo sorteo efectuado por cualquier institución educativa (máxime si se trata de una universidad), prometí dar voz a una propuesta que recibí por parte de una persona que trabaja en Recursos Humanos de la universidad, quien, por obvias razones, me pide el anonimato, pero cuya propuesta –que al menos me incitó a hacer este análisis más detenido del Sorteo Loro- considero que tendría un enfoque realmente de solidaridad social, y no lucrativo. Glosando su propuesta, esta universitaria dice que la universidad tiene alrededor de 3 mil 440 trabajadores, de forma que si los directivos, mandos medios y profesores de tiempo completo, que suman alrededor de mil 370, compraran dos boletos a 250 pesos (“de cualquier modo nos obligan a comprarlos”) y luego los profesores por horas, personal de servicios, personal secretarial y personal administrativo, que suman alrededor de 2 mil 70, compraran un boleto a 250 pesos, y si aparte cada uno de los aproximadamente 24 mil 790 estudiantes que tiene la universidad pagara un boleto de 20 pesos, la cantidad que se conseguiría daría un total de alrededor de 1 millón 681 mil pesos. Si de este monto se compran “dos modestos y simbólicos premios” (dos automóviles, diría yo, por ejemplo: uno para sortearlo entre los trabajadores y otro entre los estudiantes), entonces se podría tener, por lo menos, 1 millón 200 mil pesos, mismos que podrían ser destinados exclusivamente a becas para estudiantes, y ya con eso la universidad estaría cumpliendo su labor social (“si es esa la dizque preocupación del rector”). Hasta aquí la propuesta. Bien, cotejando estos datos con la información de Transparencia, si sólo del dinero destinado a becas para estudiantes del Quinto Sorteo Loro fueron menos de 1 millón de pesos, tener poco más de 1 millón con este método que propone esta universitaria podría incluso servir para aumentar el monto de las becas de aquellos estudiantes que están todavía más necesitados que los estudiantes necesitados, y además, de paso, quitamos las sospechas de un sorteo que, por los montos que maneja de dinero, el tiempo y el malestar que produce en los trabajadores, las funciones insustanciales que representa, la ilógica de sus objetivos, parece que sigue siendo el “gran sorteo” de unos cuantos.<br />
</span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=69224&amp;encabezado=PARACAÍDAS">Ecos de la Costa</a></p>
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		<title>Un viejo cáncer/Jaime Muñoz Vargas</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Sep 2009 01:53:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El escritor y columnista Jaime Muñoz Vargas hace eco a algunas reflexiones que hago, en lo general, en torno a las universidades públicas de México y, en lo particular, al caso de la Universidad de Colima, en donde su rector, Miguel Ángel Aguayo López, ejerce actos de corrupción, nepotismo y represión que alarman no solo a la comunidad universitaria sino a la sociedad colimense en general.</p>
<p>Lean aquí: <a href="http://impreso.milenio.com/node/8635937">Un viejo cáncer/Jaime Muñoz Vargas</a></p>
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		<title>Caso Cecut-Universidad de Colima</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2009 08:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba pensando en la libertad y en su opuesto: la represión. Lo pensaba porque una cauda de libertades fracasadas y represiones exitosas es lo que ha sido la historia de México. O la historia -quizá- de cualquier país. Esto me vino a la cabeza cuando me di cuenta de que las crisis de la conciencia se suceden simultáneamente y vienen en pares, como las manos y los ojos, como las piernas y las orejas. Lo que le sucede a la mano izquierda, digamos, le sucede a la derecha, antes, después o simultáneamente, como las crisis de la conciencia. Pienso en este caso en dos hechos similares: el problema por el que atraviesa el Centro Cultural Tijuana, en donde se ha elegido a su director arbitrariamente y en donde ya podemos pensar en otro fracaso de la libertad -si es que no se nos avisa lo contrario en el futuro inmediato-, y, por otro lado, en el problema de la Universidad de Colima, en donde el rector en turno ejerce con total impunidad actos represivos y otras corruptelas y en donde ya podemos pensar en otro fracaso de la libertad -si es que no se nos avisa lo contrario en el futuro inmediato también. Dos hechos a los que no los une la coincidencia, como podría pensarse, sino -aún más- la reincidencia. Nos hemos acostumbrado tanto a la arbitrariedad, que -sin darnos cuenta- no tuvimos más remedio que hacerla ley. Y, el que la viola o la questiona,  es un infractor o un loco. Pensaba, por eso, que estos dos hechos que parecen aislados no lo son tanto, y que tanto el Cecut como la Universidad de Colima, y quizá otros centros culturales y otras universidades, deberían ser pretextos ejemplares no sólo para tratar el tema de las designaciones arbitrarias (Cecut) o de la represión desorbitada (Universidad de Colima) sino para reflexionar sobre el asunto de la libertad, es decir, el asunto de los derechos fundamentales del hombre. Si se pierde el Cecut o si se pierde la Universidad de Colima no estarán perdiendo unas cuantas personas de aquí o de allá sino, lo que es peor, estará ganando otra vez  la represión, la verticalidad, la antidemocracia, y todo eso que destruena la idea de civilidad y estado de Derecho. Si se pierde el Cecut o la Universidad de Colima no sólo pierde, pues, el Cecut y la Universidad de Colima, sino todos los Cecuts y las Universidades de Colima de mañana y pasadomaña. Quizá por eso, cuando empecé a pensar en la libertad y su opuesto: la represión, estuve todo el día preocupado, deambulando de aquí para allá, con la única certeza de que había que seguir, para decirlo casi panfletariamente, luchando.</p>
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		<title>La Universidad de Colima, en bancarrota</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2009 18:05:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó como a chinos con el cuento de soy el lobo con ropaje de cordero, hoy, después de casi cinco años, nos damos cuenta de que el mayor proyecto del rector Aguayo ha sido el Sorteo Loro y sus mayores alianzas no fueron con la academia sino con los porros Fernando Moreno Peña y el desaparecido Arnoldo Ochoa (y a partir de aquí yo ya no pude seguirlo), aparte de sus aspiraciones –por encima de su compromiso universitario- a la gubernatura del Estado, que, afortunadamente, fueron fallidas, pues -como se dijo al unísono- “si no puede con la universidad, cómo es que todavía piensa hacerlo con todo el Estado”. Pero a esto se aúna que una persona como Enrique Cárdenas Longoria, el mayor prestanombres de Moreno Peña (presente o pasado, lo mismo da) sea el presidente de nuestra Fundación Universidad Popular de Colima. Y luego que el hijo del rector ocupe un cargo en la Universidad de Colima, con factura para el nepotismo de Aguayo, y que uno de sus hermanos haya pasado de hacer ambigúes para ocasiones festivas a ser propietario o regentear un lujoso restaurante (que pronto reanudará funciones), esto sin contar con que la casa sede del Sorteo Loro pertenece a Francisco Lepe Aguayo, ex coordinador general de docencia y también familiar del rector, a quien se le paga una renta que cualquiera envidiaría. Y no siendo con esto suficiente, el rector Aguayo, el rostro humanista que nuestra casa de estudios estaba urgentemente necesitando, estuvo o está a punto de comprarle una casa millonaria en Suchitlán a su amigo Héctor Sánchez de la Madrid, director de Diario de Colima, aparte de otras prebendas que hacen que este rotativo hable linduras (por el momento) de la gestión de Aguayo López. Con todo esto, y lo que no he enumerado para no ser prolijo, ¿le creeremos al rector que habrá austeridad al interior de la universidad y que la crisis universitaria es culpa de los incumplimientos presupuestarios del gobierno estatal y federal? Decirlo así es muy fácil, sobre todo cuando se quiere tapar con el dedo índice la historia de saqueos a los que ha sido objeto nuestra máxima casa de estudios (confróntese hemeroteca del propio Diario de Colima), desde que Fernando Moreno Peña nos enseñó que la nobleza connatural de una institución educativa nunca pondría en tela de juicio la honradez de las autoridades universitarias, tal como nos es difícil pensar que una mujer embarazada con un niño en brazos sea capaz de llevar entre sus ropas tres kilos de cocaína para traficar. Si ahora el debate serán los fondos para la educación, y este debate servirá de parapeto para justificar la mediocridad del rectorado de Aguayo López, entonces la universidad tendrá dos cuatrienios más de esterilidad. En cinco años el rector Aguayo López ha sido incapaz de articular ningún proyecto trascendente en términos académicos. Habla de una universidad sin fronteras, cuando no sabe lo que es contar con una población de estudiantes internacionales principalmente en los niveles de maestría y doctorado. ¿Cuánta población estudiantil internacional para estudios de posgrado ha logrado atraer el rector Aguayo desde su gestión? No creo que lo sepa. NI siquiera sabe de su importancia y de cómo esto es termómetro para saber cuándo estamos ante una universidad de clase mundial y cuándo ante un puro espejismo. Si el rector Aguayo no sabe siquiera cómo establecer procesos para la revisión de los llamados Ejes Universitarios, que fueron garabateados al alimón por él y el director de Educación Superior, sin siquiera pasar por un comité legítimamente constituido, ¿cómo sabrá realmente proyectar a nuestra universidad internacionalmente? ¿Cómo podremos hacerlo entender que el Sorteo Loro desprestigia y avergüenza a una institución como la nuestra, y más cuando los premios gordos caen entre los hijos de sus amigos íntimos, como Lalo Hernández, principal operador de las arcas universitarias? ¿Cuándo podrá entender –pero entenderlo de verdad- que hay cientos de universitarios defraudados, desencantados, sabedores de que su rectorado ha sido un gran fiasco? El rector Aguayo cree que cortando y pegando ideas de aquí y allá, esto es improvisando; y que culpando al gobierno estatal o federal de su fracaso como administrador universitario (porque académico nunca ha sido); y que escondiéndose entre las cuatro paredes de su oficina sin atender los problemas sustanciales que aquejan, no sólo a la universidad, sino al universitario de a pie; el rector Aguayo cree que con la sola inercia es como se construye una universidad. Pero ¿qué piensan los académicos reales al respecto? ¿Pueden realmente expresarse? ¿Están contentos con la universidad ecologista de Aguayo, tan ecologista y productiva que va a convertir un próspero rancho tecomense en un Puerto Seco, otra de sus decisiones unilaterales y arbitrarias que no fueron pasadas por el tamiz del consenso? Yo no quisiera escuchar sino a los académicos, no a la secretaria o secretario del rector, no a sus voceros analfabetas, no a sus periodistas subempleados o a sus panegiristas de pañuelo. Quiero escuchar a sus académicos, los que investigan y publican libros o artículos en revistas especializadas y de divulgación, los que están frente a sus grupos enseñando, diariamente, los que realizan gestiones administrativas y burocráticas a todas horas. Quiero escuchar a esos académicos en un debate sin fronteras, abierto, sin represiones, sin acciones intimidatorias y sin ese gran desánimo que empieza a ensombrecer, ya, el día a día de muchos universitarios.</span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=67111&amp;encabezado=PARACA%CDDAS">Ecos de la Costa</a></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><br />
</span></p>
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