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	<title>Rogelio Guedea &#187; universidad</title>
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		<title>La UdeC, en bancarrota II</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 09:44:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"> Habría que volver a empezar desde el principio, pero ya no es posible. El pasado, dicen, no puede cambiarlo ni Dios. Así que mejor reiteremos: la UdeC, con el rectorado de Aguayo López, uno de los más grises de nuestra historia universitaria, está en bancarrota. Y ahora no sólo lo digo yo, ni los que ya han escrito al respecto, sino que además así lo demuestra un reportaje aparecido en el último número de la revista Proceso y firmado por el periodista Pedro Zamora. El título es por demás significativo: “Diagnóstico: deficiencias en todo”. Sí, se refiere a nuestra alma máter: “deficiencias en todo”. ¿Alguien vendrá a decir que este reportaje también es producto del resentimiento de un periodista ingrato? No me voy a detener a glosar cada uno de los puntos que se documentan porque ahí están a la vista del que compre la revista, pero para aquellos que, por una u otra razón, no puedan tener acceso, aquí les dejo una síntesis. La investigación ha arrojado los siguientes resultados: 1) Baja productividad e impacto de las publicaciones científicas producidas por los profesores investigadores si se les compara con los estándares mundiales, 2) Nombramientos de profesores de tiempo completo sin criterios propios de selección, lo que fomenta la “mala calidad” de las producciones científicas, 3) La capacidad académica del 40% de los profesores es deficiente, cuentan con una limitada habilidad para idiomas extranjeros e incluso problemas para escribir en su propia lengua, 4) Hay un deficiente desarrollo y promoción de estudios de posgrado, 5) Existe una excesiva burocracia académica, 6) Alto porcentaje de directivos de escuelas y facultades sin estudios de posgrado, 7) Se otorga más importancia al cumplimiento de horarios que a la entrega de resultados, <img src='http://www.rogelioguedea.com/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> Se tolera la ineficiencia y el desapego al trabajo, 9) Falta de técnicos especializados para dar manutención a la infraestructura relacionada con el desarrollo científico, 10) Insuficiencia en bibliotecas, acceso a la información, disponibilidad de software y bibliografía, 11) Poca conexión de proyectos realmente de impacto social. Etcétera. Y mientras estos problemas crecen y se multiplican de espaldas a la indiferencia e incapacidad del rector Aguayo López y su equipo de colaboradores, el Puerto Seco y la plantación de arbolitos y el Sorteo Loro siguen siendo las grandes banderas del naufragio universitario. ¿Y quieren más presupuesto? A la incapacidad no hay presupuesto que le alcance. Insisto: necesitamos ya, urgentemente, una nueva ley orgánica universitaria que nos garantice que el próximo rector será un verdadero académico, con doctorado, con publicaciones científicas en revistas arbitradas, con trayectoria administrativa y reconocimiento como profesor de asignatura, pero además que sepamos que sabe pensar, escribir, debatir, y que además tiene conocimiento de la realidad educativa nacional. Una nueva ley orgánica que nos permita valorar los mejores perfiles para luego elegir, a través de una elección realmente democrática, al mejor, ese que pueda hacer con lo poco, mucho, y que pueda asegurarnos transparencia, congruencia, honestidad e, incluso, valor. Una última nota: si el rector Aguayo López reconociera de súbito el daño que en estos casi cinco años de gestión le ha ocasionado a nuestra alma máter (y no sólo por lo que ha hecho sino, sobre todo, por todo lo que ha sido incapaz de hacer), entonces se daría cuenta de que lo mejor que podría hacer es renunciar al cargo e irse a su restaurante a hacer carnitas.</span><br />
<span style="font-size: small;"><span style="font-family: Verdana,Arial;"><a href="Habría que volver a empezar desde el principio, pero ya no es posible. El pasado, dicen, no puede cambiarlo ni Dios. Así que mejor reiteremos: la UdeC, con el rectorado de Aguayo López, uno de los más grises de nuestra historia universitaria, está en bancarrota. Y ahora no sólo lo digo yo, ni los que ya han escrito al respecto, sino que además así lo demuestra un reportaje aparecido en el último número de la revista Proceso y firmado por el periodista Pedro Zamora. El título es por demás significativo: “Diagnóstico: deficiencias en todo”. Sí, se refiere a nuestra alma máter: “deficiencias en todo”. ¿Alguien vendrá a decir que este reportaje también es producto del resentimiento de un periodista ingrato? No me voy a detener a glosar cada uno de los puntos que se documentan porque ahí están a la vista del que compre la revista, pero para aquellos que, por una u otra razón, no puedan tener acceso, aquí les dejo una síntesis. La investigación ha arrojado los siguientes resultados: 1) Baja productividad e impacto de las publicaciones científicas producidas por los profesores investigadores si se les compara con los estándares mundiales, 2) Nombramientos de profesores de tiempo completo sin criterios propios de selección, lo que fomenta la “mala calidad” de las producciones científicas, 3) La capacidad académica del 40% de los profesores es deficiente, cuentan con una limitada habilidad para idiomas extranjeros e incluso problemas para escribir en su propia lengua, 4) Hay un deficiente desarrollo y promoción de estudios de posgrado, 5) Existe una excesiva burocracia académica, 6) Alto porcentaje de directivos de escuelas y facultades sin estudios de posgrado, 7) Se otorga más importancia al cumplimiento de horarios que a la entrega de resultados, 8) Se tolera la ineficiencia y el desapego al trabajo, 9) Falta de técnicos especializados para dar manutención a la infraestructura relacionada con el desarrollo científico, 10) Insuficiencia en bibliotecas, acceso a la información, disponibilidad de software y bibliografía, 11) Poca conexión de proyectos realmente de impacto social. Etcétera. Y mientras estos problemas crecen y se multiplican de espaldas a la indiferencia e incapacidad del rector Aguayo López y su equipo de colaboradores, el Puerto Seco y la plantación de arbolitos y el Sorteo Loro siguen siendo las grandes banderas del naufragio universitario. ¿Y quieren más presupuesto? A la incapacidad no hay presupuesto que le alcance. Insisto: necesitamos ya, urgentemente, una nueva ley orgánica universitaria que nos garantice que el próximo rector será un verdadero académico, con doctorado, con publicaciones científicas en revistas arbitradas, con trayectoria administrativa y reconocimiento como profesor de asignatura, pero además que sepamos que sabe pensar, escribir, debatir, y que además tiene conocimiento de la realidad educativa nacional. Una nueva ley orgánica que nos permita valorar los mejores perfiles para luego elegir, a través de una elección realmente democrática, al mejor, ese que pueda hacer con lo poco, mucho, y que pueda asegurarnos transparencia, congruencia, honestidad e, incluso, valor. Una última nota: si el rector Aguayo López reconociera de súbito el daño que en estos casi cinco años de gestión le ha ocasionado a nuestra alma máter (y no sólo por lo que ha hecho sino, sobre todo, por todo lo que ha sido incapaz de hacer), entonces se daría cuenta de que lo mejor que podría hacer es renunciar al cargo e irse a su restaurante a hacer carnitas.">Ecos de la Costa</a><br />
</span></span></p>
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		<title>Caso Universidad de Colima/A la opinión pública</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2009 00:26:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El rectorado de Aguayo López está desarrollando desde hace algún tiempo una campaña mediática de esas que se conocen como “vamos a taparle el ojo al macho, Huicho”. Es una campaña mediática que se cae por sí sola porque carece de un componente fundamental: concepto. Y ya no digo concepto (que eso es mucho pedir), sino ideas. Parece ser que las ideas y la creatividad son arbustillos secos en mi alma máter. Miren ustedes: por un lado, han venido entrevistando a personajes oscuros de la vida pública estatal. Personajes que no han hecho nada loable en la vida, salvo ser polleros o mercachifles (saltimbanquis sería el adjetivo apropiado) de la izquierda latinoamericana. Personajes sin calidad moral en cuya boca han puesto respuestas que el rector Aguayo López (que parece que no tiene respuestas ni ideas propias, ni siquiera ocurrencias) debería dar en persona. Estos personajes que son sombras a las que nadie les cree nada han hablado, como si realmente fueran autoridades sobre el tema, de autonomía universitaria, transparencia, probidad rectoral, cierre de filas institucional, etcétera. Mala estrategia. El lector de a pie, que ha leído las críticas en contra del rectorado de Aguayo López, dirá: ah, estos tontos están haciendo eso para “taparle el ojo al macho, Huicho”. Y entonces, el lector de a pie, que es sumamente inteligente, concluirá: claro, si lo hacen así es porque entonces deben ser ciertas todas las críticas que se le han hecho al rector Aguayo López. Y plac: en la conciencia colectiva (no en los diez o quince afectados) queda ya la imagen del rector Aguayo López como la del hombre corrupto, represor, nepotista y arbitrario que es. Y esa mancha negra como de diesel es casi imposible que se borre de la conciencia colectiva, que parece que olvida pero no olvida nunca nada. Bien, no conformes con eso, la Coordinación de Comunicación Social sacó en días pasados un desplegado firmado prácticamente por todas las cabezas grandes de nuestra alma máter, incluida la firma del responsable de la publicación, mi amigo Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño. No voy a criticar como se merece a mi amigo de la infancia Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño porque sé que sólo está haciendo su trabajo. Y no tiene otra opción. No podría yo pensar de otra manera puesto que nunca antes hemos tenido desavenencias o desencuentros, y yo sería el primero en evitarlos. Además, para mí los amigos de la infancia tienen, como la infancia misma, un valor inapreciable. Sin embargo, sí quiero hacerle algunas precisiones porque, como sé que quiere ser rector, estoy seguro que le van a ayudar a pavimentar el camino de terracería por el que se llega al máximo cargo universitario. Estas recomendaciones son francas, de amigo verdadero, incluso cariñosas, y las voy a centrar únicamente en el desplegado, que es donde aparece firmando como responsable. Bien, para empezar es preciso decir que un rector que es acusado directa y constructivamente de hechos que implican su actuar individual y que son ya del dominio público no debe utilizar los medios institucionales para su defensa, porque ni los bienes universitarios ni sus funcionarios son de su propiedad. Hacerlo así lo único que refleja es el nivel de  tiranía que subyuga a nuestra alma máter, lo que avergüenza a cualquiera. Por otro lado, no tengo nada que decir sobre el contenido del desplegado porque, obviamente, no dice nada. No tiene, como dije antes, ni conceptos, ni ideas, ni ocurrencias. No tiene pies ni cabeza. Nada se le entiende. Es pura retórica. ¿Y por qué es palabra hueca? Porque para entrar en el ámbito de los conceptos o de las ideas, incluso en el de las ocurrencias (que implican siempre sentido del humor) primero se tiene que pasar el curso de gramática. Así lo hacían en la antigüedad: si no pasabas, Christian, el curso de gramática, entonces no estabas cualificado para poder tomar el curso de teología, porque el curso de teología implicaba reflexionar, crear –como te decía- conceptos o ideas. Aquí pasa lo mismo. Si no sabes escribir, si se te enredan las comas y los puntos y comas, y pones mayúsculas después de comas o de conjunciones copulativas, como lo has hecho en el desplegado, entonces no estás cualificado para tomar el curso de teología, porque es prerrequisito que tengas la gramática bien ducha. Y es que, Christian, cada palabra es la representación visual de una idea o una emoción o un concepto, dependiendo para qué la quieras usar. De forma que si esa palabra no tiene ninguno de estos componentes, pues es como un hombre que no tuviera espíritu o sangre, ¿me explico? Un hombre muerto, pues, tal como el desplegado del que te responsabilizas. Por eso te digo que hay que tener la gramática bien ducha. Y para tenerla no se necesita estudiar en el colegio  Campoverde, sino leer. Leer, por lo menos, un libro diario. Pero no leer cualquier cosa, no. Para aprender a escribir bien (que de los libros que ayudan a pensar bien te daré después una lista) te recomiendo a dos autores mexicanos. Hay más, pero te daré dos mexicanos para que no te sientas extranjero. Estos autores son Alfonso Reyes y José Emilio Pacheco. Cómprate sus obras completas, que no demeritan. Las tienen en el Fondo de Cultura Económica y en Ediciones Era. Ellos también te enseñarán, después, a pensar. Primero te enseñarán a escribir (no corras, no corras) y luego a pensar. Te ayudarán a tener ideas, primero, luego conceptos y, por último, convicciones. Es con convicciones, Christian, como se llega a pergeñar lo trascendente, aunque tú debes saber que ser rector de una universidad como la nuestra, en donde diez o quince personas de primer rango universitario son incapaces de redactar un desplegado más o menos coherente, es en realidad poca cosa. ¿Cómo entonces podemos creer que tenemos una verdadera universidad?, ¿con desplegados sin ideas ni conceptos ni ocurrencias?, ¿con derroches de incienso?, ¿con errores ortográficos y de sintaxis hasta en los oficios? Pero bueno, supongamos que para ti eso es mucha cosa, y está bien. Yo lo apoyo. Por lo demás, te sugiero que cambien de estrategia mediática porque de otra forma nomás te exhibes tú (como ahora), exhibes al rector (que, por lo demás, se sigue enriqueciendo a costa del trabajo de todos ustedes) y ahora exhibes a todos los firmantes, que no tienen vela en este entierro y que quizá, algunos de ellos, ni ganas tenían de firmar, y que sólo por eso merecen todo mi respeto, incluido tú. No: el culpable de la corrupción, arbitrariedad, nepotismo y represión que viven los universitarios es el rector Aguayo López, quien ni siquiera, por cierto, firma el desplegado, ¿qué también lo consideró una fruslería? En lo que sí deberías ocuparte, amigo Christian, es en decirle a la opinión pública por qué no se ha realizado un desplegado informado cuándo iniciará la reforma a la ley orgánica universitaria (acción apremiante ante el escenario por venir), o uno donde se nos hable claramente sobre la concesión de más de cien hectáreas que el rector hizo de terreno en Tecomán a una empresa de dudoso origen para lo del mentado Puerto Seco (decisión también arbitraria) y sobre toda la flora que se tendrá que destruir para tal propósito (¿no es nuestra universidad una universidad siempre verde?) y sobre quién manejará los negocios alternos a la concesión, o un desplegado donde se nos dé una explicación sobre los desmanes que ocasionó el ingreso de su hijo y el maestro de su hijo a la Dirección General de Servicios y Tecnologías de Información, en donde hubo personas (como lo constata la carta que publiqué al respecto) que perdieron incluso el empleo (¿de veras esta crítica no les parece constructiva?), o un desplegado donde se nos hable de la imposición misma que significa el Sorteo Loro (¿o fue aceptado bajo consenso unánime de la comunidad universitaria y de los propios becarios a los que se les obliga también a comprar los boletos?), o uno donde se nos den los nombres de los columnistas que cobran buenas compensaciones en la UdeC (y esto no lo dije yo sino el flojonazo, palerazo y atarantado de Juan José Farías, amigo mismo del rector), o uno donde se nos informe si presentó el rector este año la propuesta para el premio SEP-ANUIES (que es en lo que debería realmente ocuparse), o uno donde se le diga también a la opinión pública con detalle lo que ha hecho el rector para silenciarme (¿o quieres que se los explique yo?), o uno sobre las represalias que está ejerciendo en personas que nada tienen que ver con mis críticas. Etcétera. Quizá deberíamos empezar con un desplegado en donde expliques qué son las críticas constructivas, Christian: ¿quedarse callado?, ¿arrojar alabanzas?, ¿contar borreguitos? De niños, cuando nos enojábamos, tenía que darte unos chingadazos para hacerte entrar en razón, ¿recuerdas o decidiste olvidarlo?  Hoy, en cambio, te voy a poner unos palabrazos duros (a menos que prefieras chingadazos) para ver si, acaso, aprendes a escribir mejor los desplegados o, mejor aún, cambias completamente la estrategia mediática. Si te decides por lo último, esto en el supuesto de que quieras realmente beneficiar al rector y no llevar agua a tu molino y al de los porros, entonces escríbeme (pero en serio escríbeme) porque tengo para ti una estrategia infalible.</p>
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		<title>Caso Universidad de Colima. Historias Anónimas I.</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 19:42:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es una contradicción pensar que la verdadera educación (la formación intelectual, moral, sentimental, etcétera) tiene como objetivo crear hombres sin libertad, sin ideas críticas o de justicia, sin aspiraciones democráticas y de igualdad. Pero si notamos que éste es precisamente el tipo de hombre que vive o egresa de las aulas universitarias, entonces algo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">Es una contradicción pensar que la verdadera educación (la formación intelectual, moral, sentimental, etcétera) tiene como objetivo crear hombres sin libertad, sin ideas críticas o de justicia, sin aspiraciones democráticas y de igualdad. Pero si notamos que éste es precisamente el tipo de hombre que vive o egresa de las aulas universitarias, entonces algo de fondo no anda bien. Este comentario pareciera tocar un aspecto tangencial de la educación mexicana, pero en realidad – si se observa bien – no hace sino subrayar uno de los ámbitos de mayor trascendencia para el desarrollo y perfil de las sociedades: el de la conciencia social. Los niveles de conciencia social – y ya no los puramente económicos – son los que determinan ahora qué países pueden considerarse de primer, segundo o tercer mundo. A mayor conciencia social, mayor civilidad. A mayor civilidad, mayor respeto a la legalidad. Y a mayor respeto a la legalidad, mayor oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida, que es – finalmente – lo que todo ser humano busca. Pero sucede que a esto no se puede llegar sin bases educativas sólidas, pues son éstas las únicas que alientan las ideas de libertad, democracia, igualdad, justicia, conciencia social y civilidad. De ahí la necesidad de insistir en que el destino de la educación mexicana – desde la preescolar hasta la universitaria – esté en buenas manos. Yo, como académico universitario, tengo como ámbito la universidad, así que es la educación universitaria mi marco de reflexiones y la sociedad en general – no los cinco o diez que puedan verse afectados por mis comentarios – la depositaria de mis ideas, aun cuando no se esté de acuerdo con ellas. Lo que he querido hacer desde que empecé a cuestionar al rectorado de Aguayo López es, simplemente, pensar en voz alta y señalar públicamente lo que muchos ya saben de primera mano y otros querían corroborar. Obviamente, en este momento el espectador o lector no podrá fiarse de la información emitida por los diferentes medios de comunicación con que cuenta nuestra máxima casa de estudios porque – vaya paradoja – lo que intentan es desinformar y “aparentar” que todo marcha sobre ruedas. Lo que intenta es: no educar. Ha sido tanto ese afán que han llegado al exceso de hablar de las personas como si se tratara de mercancías. No menos el otro día leía una nota en la que se ponderaban los valores de un deportista universitario no con adjetivos exactos como “reconocido deportista” o “condecorado deportista” sino con adjetivos propios del marketing: “deportista de clase mundial” (“UdeC. Es Cristóbal Aburto profesor de judo de clase mundial”). Espero que esto no les vaya a llevar a cometer el exceso después de decirnos que tenemos también “secretarias de clase mundial” o “académicos ISO-Loquesea” o “un oficio rectoral sin fronteras”. Como se están llegando, decía, a excesos irrisorios con tal de simular la mediocridad del rectorado de Aguayo López – que es tanta que tiene que recurrir a malabares mediáticos –, yo, para compensar, daré muestras pequeñas de la otra realidad (la verdadera) que padecen los universitarios de todos los niveles (académicos, administrativos, estudiantes, etcétera), para que la sociedad en general (que es la que me importa y no los cinco o diez que se vean afectados por estos comentarios) llegue a sus propias conclusiones. Iniciaré con una mensaje que llegó a mi buzón electrónico hace ya algunas semanas. Por supuesto, el remitente me pidió su anonimato pero eso no quiere decir que ante una instancia legal, en caso necesario, no pueda ratificar su veracidad. Aquí el mensaje en donde habla del despido que sufrieron trabajadores de la UdeC debido al ingreso arbitrario del hijo del rector Aguayo López:<br />
“Qué tal Sr. Guedea, espero se encuentre bien.<br />
El día de hoy mi hermana me dice que lea un artículo que publicó Rogelio Guedea, que el esposo de ella ayer lo leyó y donde escribe cuestionando al rector de la UdeC. Cosa que a mi en lo particular me interesa, ya que estoy completamente de acuerdo contigo de lo que cuestionas y todo es cierto, déjame decirte que yo fui uno de los que dejó sin empleo por cuestiones laborales que no coincidimos con el Jr. y su grupo de cuates (de generación y juegos cibernéticos). Rogelio, hace varios días cuando vi un artículo tuyo donde cuestionas también al rector hice el intento de tener contacto contigo, no lo logré (parece que lo lograré con este correo), entonces quise triangular con XXXX para que él te hiciera llegar dicho correo (se encuentra redactado abajo). Espero te sirva de algo y puedas hacer más por nuestra causa injustificada de despido&#8230; (cosa que ya no me importa porque a estas alturas gracias a Dios me va mucho mejor y si hubiera seguido en la UdeC con ese ambiente, ahorita estuviera enfermo o quizá hospitalizado).<br />
Saludos&#8230;<br />
PD. Cuento con una grabación donde estamos los tres despedidos y el abogado general de la UdeC cuando nos despidieron, sólo que ahí sí tengo recelo o miedo a represalias. (…) Resulta que el señor este (rector Aguayo) hizo un movimiento en una de las dependencias para nombrar y posicionar al Jr. (su hijo) y su bola de cuates en esa dependencia (entre esos movimientos el que quedaría de director de dicha dependencia , que ahora por su puesto que ya lo ascendió más, como coordinador) aún no perteneciendo nunca a la nómina de la UdeC, pero el secreto viene de que esta persona le ayudó a su hijo a pasar la maestría (en el Cisese, ensenada), ya que lo habían reprobado y en pago a eso lo puso como director, no antes con un circo barato dizque de evaluación de las TIC&#8217;s en la UdeC lo trajo para hacer un estudio valín (bien hecho) para pagarle dos años que duró supuestamente ese estudio y después posicionarlo como director).<br />
Si bien el 80 por ciento del personal se cambió, renunció y otros los corrieron, te estoy hablando de gente que tenia hasta 15 años de trabajo, ese cambio fue denigrante, humillante y amenazante por parte del rector, Jr. y achichincles lame huevos. Siguiendo con el tema de los tres corridos, los inculparon de unos atentados de bomba en la UdeC (en pocas palabras casi les dijeron terroristas), con ese cuento les salieron, además el abogado general de la UdeC se los dijo y los llamó para liquidarlos sin más ni más (sin darles tiempo de protegerse o protestar, ahí mismo los amedrentaron) y todo esto por que estas tres personas, al igual que muchas más, no estuvieron de acuerdo con el Jr. y no le correspondieron. Por lo tanto esas tres personas de trabajo, de lucha de principios y valores, pero sobre todo por amor a la UdeC, los botaron por caprichos del rector y el Jr., y les robaron un proyecto de vida. XXX, bien sabes que estas cosas son delicadas y como te lo mencioné confío en ti y esto es sólo una probadita de ese tema en esa dependencia que con sarcasmo, prepotencia, intimidación y humillación, va el Jr. de 12 a tres de la tarde de lunes a viernes sólo a jugar en las computadoras con sus demás compañeros de generación”.<br />
¿Es ese el rector de clase mundial que queremos los universitarios? ¿Nos va a dar el rector una explicación sobre esto? ¿Cuántos casos más como éste se necesitan para que el rector o rectifique o dimita? Espero que estas denuncias vayan dejando clara la necesidad de no postergar los cambios sustanciales (en todos los ámbitos) que requiere nuestra máxima casa de estudios, y que además no queden impunes los actos de arbitrariedad, nepotismo, corrupción y represión cometidos por el rector Aguayo López, porque con ello se estaría violando también nuestro estado de derecho. </span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=70527&amp;encabezado=PARA/CA%CDDAS">Ecos de la Costa</a></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La (i)lógica del Sorteo Loro o los jugosos negocios del rector Aguayo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 10:26:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La simulación (es decir: la falta de concordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que es y no es) nos ha descompuesto el sentido común, esa lógica que nos permite razonar y concluir objetiva y eficazmente, y que es necesario que empecemos ya a practicar con mayor asiduidad antes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">La simulación (es decir: la falta de concordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que es y no es) nos ha descompuesto el sentido común, esa lógica que nos permite razonar y concluir objetiva y eficazmente, y que es necesario que empecemos ya a practicar con mayor asiduidad antes de actuar, hablar o escribir. El otro día entré a la página de Transparencia de la Universidad de Colima y me puse a pensar (es decir a encontrarle la lógica) al Sorteo Loro y a toda la parafernalia de gastos que genera su burocracia organizacional (pago de salarios, publicidad, renta de instalaciones, gastos operativos, etcétera, etcétera), y me di cuenta del poco sentido social y realmente funcional que tiene este evento, que sólo genera desgaste y malestar en la mayoría de los trabajadores universitarios (muchos de los cuales tienen que pagar los boletos), así como de la sociedad en general (harta ya de rifas y sorteos), en beneficio, por el contrario, de los poquísimos que se benefician (los 10 o 15 que se ganan los premios gordos) y los miles que reciben el raquítico beneficio de las becas (que parece que no son el objetivo final de este sorteo), además del resto de las obras sociales cuya canalización, según lo dicho por el Dr. Carlos Moisés Hernández en entrevista a Diario Avanzada, tampoco es consensuada. Como del Sexto Sorteo Loro todavía faltan algunas asignaciones, analizaré con la lógica más simple el Quinto Sorteo Loro, utilizando la información que aparece en Transparencia. Para el Quinto Sorteo se vendieron, según lo dicho por el propio rector, aproximadamente el 95 por ciento de los 55 mil boletos, cuyo costo fue de 250 pesos, es decir, se obtuvo poco más de 13 millones de pesos. El monto total de los premios, según información dada también por el rector el día de su arranque, fue de 5 millones 606 mil 950 pesos, repartidos en una casa con un valor de 2 millones 800 mil pesos, un condominio en Manzanillo con valor de 1 millón 433 mil, otra casa en Villa de Álvarez con valor de 650 mil pesos, además de una camioneta X-TRAIL, y dos automóviles, un ALTIMA y un TIIDA, una motocicleta CMX 250 Rebel, más aparte dos automóviles para el sorteo colaboradores, un Nissan Sentra y un Tsuru, más los premios para los vendedores, uno de 40 mil pesos y dos de 10 mil. Esta cantidad de 5 millones 606 mil 950 pesos benefició, según estos premios, a 12 personas (o 15 si se quiere). Sólo 12 personas (o 15 si se quiere) se llevaron estos 5 millones 606 mil 950 pesos. Bien, el monto destinado a becas y obras sociales de este sorteo fue de 1 millón 801 mil 227, de los cuales 980 mil 115 pesos fueron destinados a becas, beneficiándose con ellas a 499 estudiantes. El sentido común, sólo el puro sentido común, está aquí torcido. Cómo puede ser posible que más de 5 millones de pesos sirvan para beneficiar a aproximadamente 12 personas (15, pues), y que menos de un millón de pesos sirva para beneficiar a 499 estudiantes, con becas que llegan a veces por semestre, como en el caso de la beca Moreno Peña, a poco más de los mil pesos! Cómo es posible que en este Sexto Sorteo, por ejemplo, Carlos Hernández López, hijo del amigo íntimo del rector, se haya ganado –sin necesitarla de verdad- una casa de más de 3 millones de pesos ¿es amigo del rector también el constructor de esta casa?, mientras que un estudiante recibirá por todo un semestre poco más de mil pesos de beca, en lugar de que estos premios chonchos realmente recayeran sólo en aquellos estudiantes que tuvieran extrema necesidad y que demostrarán excelencia académica. Pero no, aquí está claro que el negocio y las intenciones son otras y que el sentido “social” del Sorteo Loro es también la fachada de una casa residencial. Aunque yo, por las razones expuestas, estoy totalmente en contra del Sorteo Loro y de todo sorteo efectuado por cualquier institución educativa (máxime si se trata de una universidad), prometí dar voz a una propuesta que recibí por parte de una persona que trabaja en Recursos Humanos de la universidad, quien, por obvias razones, me pide el anonimato, pero cuya propuesta –que al menos me incitó a hacer este análisis más detenido del Sorteo Loro- considero que tendría un enfoque realmente de solidaridad social, y no lucrativo. Glosando su propuesta, esta universitaria dice que la universidad tiene alrededor de 3 mil 440 trabajadores, de forma que si los directivos, mandos medios y profesores de tiempo completo, que suman alrededor de mil 370, compraran dos boletos a 250 pesos (“de cualquier modo nos obligan a comprarlos”) y luego los profesores por horas, personal de servicios, personal secretarial y personal administrativo, que suman alrededor de 2 mil 70, compraran un boleto a 250 pesos, y si aparte cada uno de los aproximadamente 24 mil 790 estudiantes que tiene la universidad pagara un boleto de 20 pesos, la cantidad que se conseguiría daría un total de alrededor de 1 millón 681 mil pesos. Si de este monto se compran “dos modestos y simbólicos premios” (dos automóviles, diría yo, por ejemplo: uno para sortearlo entre los trabajadores y otro entre los estudiantes), entonces se podría tener, por lo menos, 1 millón 200 mil pesos, mismos que podrían ser destinados exclusivamente a becas para estudiantes, y ya con eso la universidad estaría cumpliendo su labor social (“si es esa la dizque preocupación del rector”). Hasta aquí la propuesta. Bien, cotejando estos datos con la información de Transparencia, si sólo del dinero destinado a becas para estudiantes del Quinto Sorteo Loro fueron menos de 1 millón de pesos, tener poco más de 1 millón con este método que propone esta universitaria podría incluso servir para aumentar el monto de las becas de aquellos estudiantes que están todavía más necesitados que los estudiantes necesitados, y además, de paso, quitamos las sospechas de un sorteo que, por los montos que maneja de dinero, el tiempo y el malestar que produce en los trabajadores, las funciones insustanciales que representa, la ilógica de sus objetivos, parece que sigue siendo el “gran sorteo” de unos cuantos.<br />
</span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=69224&amp;encabezado=PARACAÍDAS">Ecos de la Costa</a></p>
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		<title>El lugar de la Universidad de Colima</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2009 21:59:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como en el futbol, lo que importan son los resultados. Nos podrán decir que el entrenador es suizo y con veinte años de experiencia. O que tenemos los mejores jugadores de Brasil y Argentina. Incluso que los zapatos de los jugadores son marca Nike. Todo eso es elogiable, pero si al final el equipo pierde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">Como en el futbol, lo que importan son los resultados. Nos podrán decir que el entrenador es suizo y con veinte años de experiencia. O que tenemos los mejores jugadores de Brasil y Argentina. Incluso que los zapatos de los jugadores son marca Nike. Todo eso es elogiable, pero si al final el equipo pierde –así sea por un gol de diferencia-, entonces todo lo anterior se reduce inmediatamente a polvo. Refiero esto porque algunos articulistas de periódicos locales que han defendido la labor realizada por el rector Aguayo López, lo primero que han dicho irresponsablemente –y sin ninguna veracidad- es que gracias a él (al rector Aguayo López) nuestra universidad es una de las diez mejores universidades del país –algunos han sido más osados y han afirmado que es una de las tres mejores-. Yo no quisiera contradecirlos –no lo quisiera, de verdad- pero me temo que no tengo otra opción, sobre todo porque es importante que la sociedad tenga datos objetivos, sin autocomplacencias, que puedan ser de utilidad para formarse un juicio lo más cercano a la realidad. Además, considero importante ofrecer información veraz porque estoy seguro que esto ayudará a que el rector Aguayo López y su equipo de colaboradores redoblen esfuerzos para conseguir el beneficio que nuestra alma máter y toda su comunidad universitaria se merece, aún cuando el rector Aguayo López tenga que dejar –aunque sea por un tiempo considerable- de poner su empeño en un ya por demás cuestionado Sorteo Loro, en la plantación de arbolitos, en el negocio restaurantero y ahora en su sueño (del rector, claro) de ocupar una Secretaría de Estado, que –debo decirlo una vez más– son proyectos que avergüenzan a una institución como nuestra máxima casa de estudios, sobre todo cuando no se han resuelto prioridades académicas ni se ha logrado el desarrollo y fortalecimiento institucional que el rector Aguayo López, a través de sus escribas, tanto pregona. Digo esto porque la Secretaría de Educación Pública y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) convocan cada año al Premio SEP-ANUIES al Desarrollo y Fortalecimiento Institucional con el fin de fomentar que las instituciones de educación superior (IES) ofrezcan servicios educativos de buena calidad para formar profesionistas, especialistas y profesores-investigadores capaces de aplicar, transmitir y generar conocimientos, académicamente pertinentes y socialmente relevantes en las distintas áreas y disciplinas. Bien, pues desde el 2004 que se dio la primera convocatoria resulta que nuestra universidad de clase mundial –hoy universidad sin fronteras- no ha conseguido este premio, que sí, en cambio, han recibido la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la Universidad Iberoamericana, el Instituto Tecnológico de La Laguna, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, la Universidad Autónoma de Yucatán, la Universidad de Sonora, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec, la Universidad Autónoma de Baja California, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, y este año le fueron entregadas a la Universidad de Guanajuato, a la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y al Instituto Tecnológico de Celaya. En esta pléyade de universidades no aparece por ningún lado nuestra máxima casa de estudios, y eso que, según los datos oficiales de la convocatoria de 2005, nuestra Universidad fue una de las 22 aspirantes a este premio que tiene como propósito hacer un reconocimiento a las instituciones de educación superior que realizan los mayores esfuerzos para su desarrollo y fortalecimiento institucional. Pero nuestra universidad perdió. Por si esto no fuera suficiente –que tendría que serlo-, hay que decir que al menos tres empresas han publicado desde hace varios años rankings universitarios a nivel nacional, entre ellas los periódicos Reforma y El Universal, así como la revista Selecciones de Reader’s Digest. Mientras los periódicos Reforma y El Universal cubren sólo un número determinado de zonas geográficas, es la Guía Universitaria de Selecciones de Reader’s Digest, que nuestra universidad también toma como referencia, la única que puede considerarse realmente nacional pues lleva a cabo entrevistas en las 32 entidades del país. Para el ranking universitario de 2009 realizó 9,289 entrevistas que cubrieron a profesores, alumnos, ex alumnos y directores de recursos humanos. La diez mejores universidades del país de 2009 fueron la UNAM, el ITESM, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Iberoamericana, el ITAM, la Universidad de Anáhuac, la Universidad del Valle de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad de Guadalajara y la Universidad Autónoma de Nuevo León. Desafortunadamente, nuestra máxima casa de estudios tampoco resultó entre las diez mejores. Por si esto fuera insuficiente, en el Top Latino América 2009 del Ranking Web de Universidades del Mundo, que la Universidad de Colima tiene a bien consultar también, la Universidad de Colima, que según el rector Aguayo López es una universidad de clase mundial y sin fronteras, aparece ubicada por esta encuestadora a nivel mundial en el lugar 1437 y no está a nivel nacional ni siquiera entre las diez primeras. Lo peor de todo es que –según me informa uno de sus colaboradores cercanísimos- el rector Aguayo López, por andar con la euforia de ser candidato a la gubernatura, olvidó atender la convocatoria del Premio SEP-ANUIES 2009 que reconocerá a la institución de educación superior que en el periodo 2003-2008 haya logrado avances significativos en los valores de sus indicadores de calidad, entre los cuales se encuentran la capacidad académica, la competitividad académica y la gestión institucional -desafortunadamente no evalúan nada que tenga que ver con sorteos o plantación de arbolitos. Espero que este dato sea inexacto y el rector Aguayo López sí haya presentado su propuesta, cuya convocatoria cerró el pasado 31 de marzo, porque de otra forma estaría dándole la espalda a todo el esfuerzo que día a día hacen los universitarios –entre los cuales me incluyo- para hacer de nuestra universidad, con resultados reales y sin argumentos justificatorios, ahora sí, una de las diez mejores del país. </span></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=69045&amp;encabezado=Paraca%EDdas">Ecos de la Costa</a><br />
</span></p>
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		<title>Un viejo cáncer/Jaime Muñoz Vargas</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Sep 2009 01:53:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El escritor y columnista Jaime Muñoz Vargas hace eco a algunas reflexiones que hago, en lo general, en torno a las universidades públicas de México y, en lo particular, al caso de la Universidad de Colima, en donde su rector, Miguel Ángel Aguayo López, ejerce actos de corrupción, nepotismo y represión que alarman no solo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El escritor y columnista Jaime Muñoz Vargas hace eco a algunas reflexiones que hago, en lo general, en torno a las universidades públicas de México y, en lo particular, al caso de la Universidad de Colima, en donde su rector, Miguel Ángel Aguayo López, ejerce actos de corrupción, nepotismo y represión que alarman no solo a la comunidad universitaria sino a la sociedad colimense en general.</p>
<p>Lean aquí: <a href="http://impreso.milenio.com/node/8635937">Un viejo cáncer/Jaime Muñoz Vargas</a></p>
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		<title>Caso Cecut-Universidad de Colima</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2009 08:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba pensando en la libertad y en su opuesto: la represión. Lo pensaba porque una cauda de libertades fracasadas y represiones exitosas es lo que ha sido la historia de México. O la historia -quizá- de cualquier país. Esto me vino a la cabeza cuando me di cuenta de que las crisis de la conciencia se suceden simultáneamente y vienen en pares, como las manos y los ojos, como las piernas y las orejas. Lo que le sucede a la mano izquierda, digamos, le sucede a la derecha, antes, después o simultáneamente, como las crisis de la conciencia. Pienso en este caso en dos hechos similares: el problema por el que atraviesa el Centro Cultural Tijuana, en donde se ha elegido a su director arbitrariamente y en donde ya podemos pensar en otro fracaso de la libertad -si es que no se nos avisa lo contrario en el futuro inmediato-, y, por otro lado, en el problema de la Universidad de Colima, en donde el rector en turno ejerce con total impunidad actos represivos y otras corruptelas y en donde ya podemos pensar en otro fracaso de la libertad -si es que no se nos avisa lo contrario en el futuro inmediato también. Dos hechos a los que no los une la coincidencia, como podría pensarse, sino -aún más- la reincidencia. Nos hemos acostumbrado tanto a la arbitrariedad, que -sin darnos cuenta- no tuvimos más remedio que hacerla ley. Y, el que la viola o la questiona,  es un infractor o un loco. Pensaba, por eso, que estos dos hechos que parecen aislados no lo son tanto, y que tanto el Cecut como la Universidad de Colima, y quizá otros centros culturales y otras universidades, deberían ser pretextos ejemplares no sólo para tratar el tema de las designaciones arbitrarias (Cecut) o de la represión desorbitada (Universidad de Colima) sino para reflexionar sobre el asunto de la libertad, es decir, el asunto de los derechos fundamentales del hombre. Si se pierde el Cecut o si se pierde la Universidad de Colima no estarán perdiendo unas cuantas personas de aquí o de allá sino, lo que es peor, estará ganando otra vez  la represión, la verticalidad, la antidemocracia, y todo eso que destruena la idea de civilidad y estado de Derecho. Si se pierde el Cecut o la Universidad de Colima no sólo pierde, pues, el Cecut y la Universidad de Colima, sino todos los Cecuts y las Universidades de Colima de mañana y pasadomaña. Quizá por eso, cuando empecé a pensar en la libertad y su opuesto: la represión, estuve todo el día preocupado, deambulando de aquí para allá, con la única certeza de que había que seguir, para decirlo casi panfletariamente, luchando.</p>
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		<title>La Universidad de Colima, en bancarrota</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2009 18:05:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rogelio Guedea</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;">El saldo que ha dejado hasta ahora el rector Aguayo al frente de nuestra máxima casa de estudios ha sido decepcionante. Si los que apoyamos al principio su liderazgo lo hicimos movidos por la necesidad de devolverle a la universidad su carácter humanista y su vocación social y estrictamente académica, y Aguayo López nos engañó como a chinos con el cuento de soy el lobo con ropaje de cordero, hoy, después de casi cinco años, nos damos cuenta de que el mayor proyecto del rector Aguayo ha sido el Sorteo Loro y sus mayores alianzas no fueron con la academia sino con los porros Fernando Moreno Peña y el desaparecido Arnoldo Ochoa (y a partir de aquí yo ya no pude seguirlo), aparte de sus aspiraciones –por encima de su compromiso universitario- a la gubernatura del Estado, que, afortunadamente, fueron fallidas, pues -como se dijo al unísono- “si no puede con la universidad, cómo es que todavía piensa hacerlo con todo el Estado”. Pero a esto se aúna que una persona como Enrique Cárdenas Longoria, el mayor prestanombres de Moreno Peña (presente o pasado, lo mismo da) sea el presidente de nuestra Fundación Universidad Popular de Colima. Y luego que el hijo del rector ocupe un cargo en la Universidad de Colima, con factura para el nepotismo de Aguayo, y que uno de sus hermanos haya pasado de hacer ambigúes para ocasiones festivas a ser propietario o regentear un lujoso restaurante (que pronto reanudará funciones), esto sin contar con que la casa sede del Sorteo Loro pertenece a Francisco Lepe Aguayo, ex coordinador general de docencia y también familiar del rector, a quien se le paga una renta que cualquiera envidiaría. Y no siendo con esto suficiente, el rector Aguayo, el rostro humanista que nuestra casa de estudios estaba urgentemente necesitando, estuvo o está a punto de comprarle una casa millonaria en Suchitlán a su amigo Héctor Sánchez de la Madrid, director de Diario de Colima, aparte de otras prebendas que hacen que este rotativo hable linduras (por el momento) de la gestión de Aguayo López. Con todo esto, y lo que no he enumerado para no ser prolijo, ¿le creeremos al rector que habrá austeridad al interior de la universidad y que la crisis universitaria es culpa de los incumplimientos presupuestarios del gobierno estatal y federal? Decirlo así es muy fácil, sobre todo cuando se quiere tapar con el dedo índice la historia de saqueos a los que ha sido objeto nuestra máxima casa de estudios (confróntese hemeroteca del propio Diario de Colima), desde que Fernando Moreno Peña nos enseñó que la nobleza connatural de una institución educativa nunca pondría en tela de juicio la honradez de las autoridades universitarias, tal como nos es difícil pensar que una mujer embarazada con un niño en brazos sea capaz de llevar entre sus ropas tres kilos de cocaína para traficar. Si ahora el debate serán los fondos para la educación, y este debate servirá de parapeto para justificar la mediocridad del rectorado de Aguayo López, entonces la universidad tendrá dos cuatrienios más de esterilidad. En cinco años el rector Aguayo López ha sido incapaz de articular ningún proyecto trascendente en términos académicos. Habla de una universidad sin fronteras, cuando no sabe lo que es contar con una población de estudiantes internacionales principalmente en los niveles de maestría y doctorado. ¿Cuánta población estudiantil internacional para estudios de posgrado ha logrado atraer el rector Aguayo desde su gestión? No creo que lo sepa. NI siquiera sabe de su importancia y de cómo esto es termómetro para saber cuándo estamos ante una universidad de clase mundial y cuándo ante un puro espejismo. Si el rector Aguayo no sabe siquiera cómo establecer procesos para la revisión de los llamados Ejes Universitarios, que fueron garabateados al alimón por él y el director de Educación Superior, sin siquiera pasar por un comité legítimamente constituido, ¿cómo sabrá realmente proyectar a nuestra universidad internacionalmente? ¿Cómo podremos hacerlo entender que el Sorteo Loro desprestigia y avergüenza a una institución como la nuestra, y más cuando los premios gordos caen entre los hijos de sus amigos íntimos, como Lalo Hernández, principal operador de las arcas universitarias? ¿Cuándo podrá entender –pero entenderlo de verdad- que hay cientos de universitarios defraudados, desencantados, sabedores de que su rectorado ha sido un gran fiasco? El rector Aguayo cree que cortando y pegando ideas de aquí y allá, esto es improvisando; y que culpando al gobierno estatal o federal de su fracaso como administrador universitario (porque académico nunca ha sido); y que escondiéndose entre las cuatro paredes de su oficina sin atender los problemas sustanciales que aquejan, no sólo a la universidad, sino al universitario de a pie; el rector Aguayo cree que con la sola inercia es como se construye una universidad. Pero ¿qué piensan los académicos reales al respecto? ¿Pueden realmente expresarse? ¿Están contentos con la universidad ecologista de Aguayo, tan ecologista y productiva que va a convertir un próspero rancho tecomense en un Puerto Seco, otra de sus decisiones unilaterales y arbitrarias que no fueron pasadas por el tamiz del consenso? Yo no quisiera escuchar sino a los académicos, no a la secretaria o secretario del rector, no a sus voceros analfabetas, no a sus periodistas subempleados o a sus panegiristas de pañuelo. Quiero escuchar a sus académicos, los que investigan y publican libros o artículos en revistas especializadas y de divulgación, los que están frente a sus grupos enseñando, diariamente, los que realizan gestiones administrativas y burocráticas a todas horas. Quiero escuchar a esos académicos en un debate sin fronteras, abierto, sin represiones, sin acciones intimidatorias y sin ese gran desánimo que empieza a ensombrecer, ya, el día a día de muchos universitarios.</span></p>
<p><a href="http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&amp;id=67111&amp;encabezado=PARACA%CDDAS">Ecos de la Costa</a></p>
<p><span style="font-family: Verdana,Arial; font-size: small;"><br />
</span></p>
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